miércoles, 22 de septiembre de 2010

Escepticismo


Laciana en lucha, los mineros a la calle, reivindicamos nuestros derechos, por un futuro digno y Laciana reindustrialización. Eslóganes de lo más prometedor, si no fuera por ser tan manidos. Laciana minera, en la historia, hoy ya no es realidad, por suerte o por desgracia.


La lucha que los mineros han emprendido estos días obliga a uno a mantenerse un tanto escéptico. Pensando, sobre todo, que se perderá una oportunidad, tal vez la última, para hacer lo que realmente debería hacerse, y no poner otro parche, que es lo que parece quiere hacer la administración, con la complicidad de los sindicatos. En realidad unos y otros llevan dormidos mucho tiempo, pero este mal no viene del retraso en la aprobación -aún dudosa- del Real Decreto de incentivos para consumo de carbón español (una aberración jurídica, por cierto, aparte de un expolio a las arcas públicas y al bolsillo del ciudadano), ni de la fecha de 2014 como fin de las ayudas. Cualquier persona que haya seguido la crisis de la minería, o la haya vivido, en las últimas décadas, sabe muy bien que puede mirarse más atrás, al menos desde la incorporación de España a la UE y, en el caso de la Minero Siderúrgica de Ponferrada, desde la crisis de los 70.

Que la situación haya llegado hasta este extremo, no es de extrañar, sino simplemente una lógica evolución de los acontecimientos. Que dieciocho años después tengamos que repetir la Marcha Negra demuestra que no hemos hecho otra cosa en 18 años salvo perder el tiempo, mientras, eso sí, otros lugares avanzaban y determinados empresarios, con la inestimable cooperación, cuando no colaboración, de políticos y sindicalistas de manga ancha, hicieron el agosto a costa de la industria, de los obreros y del patrimonio común.

Que la minería como tal se terminara en 2014 no estaría nada mal si con eso el Estado se ve obligado a tomar medidas, bien en el sentido de nacionalizar de una vez la actividad, con todas las de la ley, creando una reserva estratégica seria, o bien en el sentido de reindustrializar con otras actividades. Pero me temo que será demasiado pedir, y sería demasiado extenso hablar acerca de ello en este primer post, con lo cual, de momento aquí queda.

Para terminar, y volviendo al escepticismo, la Marcha Negra no deja de ser una iniciativa loable y sobre todo pacífica, que demuestra que no todo se arregla a golpes y porrazos con los antidisturbios -siempre heridos, siempre dañados en la lucha según los medios, cosa que nunca les pasa los mineros-. Pero las gestas sólo suceden una vez en la vida, y 1992 queda muy lejos para muchas cosas. Uno piensa, por hablar de lo cercano, que si dentro de cuatro años la selección vuelve a ganar el Mundial, ya no hará la misma ilusión que este verano; pero es que Colón llegó una vez a América, si llegó, y la Virgen se apareció una vez a los pastores, si se les apareció.

2 comentarios:

Rio Sil dijo...

Los hay que no se atreven a decirnada.

Piorno dijo...

En mi opinión, esta segunda marcha negra, a lo sumo, servirá para tranquilizar conciencias; para hacer lo único que les queda a los mineros como recurso: la ley del pataleo, o si se prefiere, morir matando; pero a fin de cuentas, sólo eso. Las soluciones a los problemas no llegan solas, hay que salir en su busca, pero buscarlas andando, aunque sea con una marcha negra, puede que nunca se encuentren. Como de todos es sabido, los edificios –grandes o pequeños- se empiezan por los cimientos, y estos cimientos no se encuentran sobre el asfalto de ninguna carretera, sino en las instituciones locales -el ayuntamiento en primer término-, que es de quien debería partir la iniciativa de búsqueda de soluciones alternativas, tratando de involucrar a instituciones superiores hasta llegar a la mismísima Moncloa, si fuere preciso; lo que dicho sea de paso, debería haberse hecho hace ya varios años. Si, como parece ser el caso en Laciana, el ayuntamiento pasa olímpicamente del tema, porque, como sabido es, el interés de sus regidores va por otros derroteros, todas las marchas negras que los mineros puedan hacer, no serán otra cosa que un brindis al sol. Todo lo que puedan conseguir será pan para hoy y hambre para mañana.

Repito que las casas se empiezan por los cimientos y estos deben asentarse sobre suelo firme. Si atendiendo únicamente a –para mí- incomprensibles sentimientos ideológicos, preferimos construir los cimientos sobre arenas movedizas, no culpemos a nadie de nuestro infortunio.

Piorno