viernes, 1 de octubre de 2010

1992, 2002, 2010


Cuando en 1992 los mineros de Laciana fueron caminando a Madrid para pedir una solución a la quiebra de la Minero Siderúrgica de Ponferrada, el pintor lacianiego-babiano (o babiano-lacianiego, que igual da) Manolo Sierra hizo 500 serigrafías con una imagen ya mítica para contribuir con su lapicero y sus colores a aquella aventura.

No cree uno que a alguien pueda ofender si dice que nadie le dio las gracias ni el público ni en privado ante aquel gesto. Tal vez porque el nombre de aquel pintor comprometido no era nada -para algunos- comparado con otros más grandilocuentes, de compromiso más tímido. Tan tímido que en no pocos casos ni siquiera se notó.

Pese a que el destino primigenio de aquella cesión altruista era vender las serigrafías y obtener fondos para la Marcha Negra, aquellas 500 serigrafías fueron obsequiadas a los 500 mineros que hicieron a pie el camino desde el pueblo hasta la capital. El recuerdo imborrable. Hoy varios establecimientos locales la cuelgan en sus paredes y muchos de aquellos mineros, ya prejubilados, la conservan enmarcada en lugar privilegiado de casa, lo que no está nada mal. Parece el símbolo de un tiempo ya pasado, con esa rama a modo de bandera que enarbola el minero, acompañado por la esposa, pidiendo una solución al problema de entonces.

Cuando en 2002 conmemoramos el décimo aniversario de aquella gesta en varios actos y una exposición en la Casa de Cultura de Villablino, Sierra garabateó de forma improvisada para el Diario de León en un cuaderno de cuadrícula al minero y su esposa, mirando al horizonte con incertidumbre y desconfianza, ya sin grito y con las estrellas enjauladas y flotantes.

Y ahora, en este 2010, acaba de alumbrar de nuevo para el periódico una tercera iconografía tan elocuente como estremecedora. El minero secuestrado en una lámpara que es cárcel, ojos tristes, un foco que no alumbra y una mano que lo sostiene. Demasiado explícita es la mano, adornada con gemelos y botones más de Wall Street y la Eurotorre de Frankfort que de una galería, una rampla o un taller cualquieras.

Habla Manolo al pintar estas cosas estos días de chantaje, de que los mineros no pueden hacer otra cosa más que lo que hacen, de que todo es un fraude, de camiones cargados de carbón importado desde los puertos marítimos a las térmicas, y del final de una época, de una crisis de lo público como algo construido desde la colectividad. “La pregunta es cómo se va a resolver ese final”, concluye lacónico.

Quién sabe, a lo mejor una imagen o tres valen más que mil palabras.

6 comentarios:

Piorno dijo...

Genial artista Manolo Sierra. La iconografía de una cárcel con forma de lámpara, me parece una verdadera obra de arte, además de una idea genial. Aunque, como bien dices, Sierra pudiera no ser tan conocido para algunos, como otros famosos de nuestra tierra, demuestra con hechos su grandeza de espíritu solidario; otros, algunos de los que son tan famosos, podrían hacer mucho más de lo que hacen por la causa de los mineros, pero... Eso a pesar de llamarse progresistas. Claro que si ser progresista significa progresar uno mismo, ellos –no cabe duda- lo son.

Piorno

xistreu dijo...

¿Quién me iba a decir a mi que acabaría siendo marxista?
Aunque veo con agrado que se me haya admitido en este club como socio.

Señor Marx, no se me ofenda si declaro estar gratamente sorprendido por su prosa y el contenido de sus reflexiones. No, no soy un adulador o un vulgar pelotillero, comprenda que se trata de sentimiento sincero.
Además, ha de convenir conmigo que hacía mucho tiempo que nadie presentaba tan clara y tan detallada una explicación sobre esta crisis del carbón.

Reciba usted mi más sincera enhorabuena.

Eva dijo...

Me ha gustado mucho el artículo, y por supuesto las ilustraciones, algunas viejas conocidas, otras las acabo de descubrir, como la última de ellas, elocuente y simple, suficente para no necesitar añadir nada más.

Lau dijo...

muy guapin hijin, y que razon...
un besin
Lau

Tomás dijo...

Manolo Sierra, Manolito como cariñosamente le llamabamos los que en la infancia jugamos con el, es generoso, ambas muestras tienen que ver con la mina, con su tierra y nuestra patria.

Anónimo dijo...

LO TENEMOS CLARO.