lunes, 11 de octubre de 2010

Luna de luz tenue


La moda de la cultura efemeridiana que ha surgido en estos últimos tiempos y parece haber arraigado ha traído este año la memoria de John Lennon, cuyo 70 aniversario de su nacimiento y 30 de su muerte sirven de pretexto para la conmemoración.

Casualmente, y como si las fechas se las congeniaran para coincidir, también hace 40 este año de la separación de la mítica banda, ‘The Beatles’, tras grabar su famosísimo y último disco ‘Let it be’.

El pasado 9 de octubre Lennon habría cumplido 70 años de no haber sido asesinado, una mañana neoyorkina de hace ya treinta años, a las puertas del edificio Dakota por un descerebrado que, antes de dispararle varios tiros por la espalda, le pidió que le firmase su disco, a lo que el artista accedió cortés.

Frente a los grandes fastos que, a buen seguro, tendrán lugar o ya lo han tenido, uno se queda con el gesto simbólico y entrañable de Panchito Varona, que en el concierto de Joaquín Sabina del sábado 9 en Santiago de Compostela, se anudó al cuello una corbata que fue de Lennon. La misma que se puso el día que recogió la carta verde de residencia en Estados Unidos. Entrañable y sencillo gesto para recordar a, ante todo, un músico. Supone uno que a Lennon le gustaría más que le recordaran y homenajearan desde un escenario, con una guitarra en las manos, que en cualquier otro sitio.

Y sin grandes alardes ni grandes pretensiones. Qué inmortal su música, su heterodoxia como todo artista, su ‘Imagine’ convertida desde su salida y por siempre en clásico manifiesto pacifista. Porque como dice su final -traducido del inglés- “tú puedes decir que soy un soñador,/ pero no soy el único,/ espero que algún día te nos unas,/ y el mundo vivirá como uno solo.”

1940, 1970, 1980, números tan redondos como un cero, como un sol durmiente, como una luna de luz tenue que nunca deja de iluminar la negrura de la noche. Lennon es también una luna de luz tenue, como los acordes de su 'Imagine'. Tenue pero imborrable. La misma luna que hace tres noches brillaba en Santiago, la capital de la piedra mojada, con el recuerdo encorbatado de Panchito.

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