miércoles, 6 de octubre de 2010

¿Pasado, futuro?


Hace unos días ‘La Crónica de León’ tomaba un artículo publicado recientemente por uno sobre las antiguas mantequerías del Valle y su esplendor y venía a decir que a pesar de que los lacianiegos de ahora dicen que sólo han conocido el monocultivo del carbón, “sin embargo, Laciana fue un valle rico en otros muchos sectores cuando llegó el carbón. La ganadería era floreciente, la cultura y la educación tenían allí uno de sus santuarios con la Fundación Sierra Pambley y la Institución Libre de Enseñanza (no olvidemos que la educación también es empleo)…” y terminaba exponiendo el caso genial de Mantequerías Leonesas, “un ejemplo claro de cuando en Laciana el carbón era blanco… como la leche”.

Uno no tiene ahora a mano alguna carta añeja de cuando en el ocaso de aquella ‘época dorada’ de la mantequilla y la leche la mina llegó y eclosionó en estos pueblos, algún visionario adelantó que era riqueza relativa, por ser pasajera. La advertencia pasó, como casi siempre, sin pena ni gloria, y bien es verdad que el mundo no es el que era hace diez o veinte años, qué decir del de hace noventa o cien.

Puede que queden ya muy atrás, pues, décadas como comercios de referencia en Madrid y en la mayoría de ciudades españolas. Aquellas coquetas tiendas en Gran Vía, Alcalá, Reina Victoria y las principales arterias del callejero madrileño, desde que en 1910 la “manteca fina de Laciana” consiguiera una medalla de oro en la Exposición Universal de Bruselas. La lechería de Villager, hoy abandonada, las cooperativas de los pueblos, carcomidas, la mantequera leonesa que dejaron desaparecer. Etcétera.

El final de aquella empresa, en concreto, se debió a múltiples factores más familiares y económicos que de otro tipo. Tras la desgracia de la guerra -tres muertos en la contienda, el padre y dos hijos-, la siguiente generación amplió y desarrolló el negocio, pero los nietos no quisieron o no pudieron seguir. Lo mismo sucedió con otras empresas de grato recuerdo, como la famosa ‘Anaical’, planta embotelladora de agua, refrescos y agua de selt que traspasó desde Rioscuro tantas fronteras o más que ‘Mantequerias Leonesas’.

Pero uno, a pesar de las erratas del reportaje divulgativo, agradece la difusión del texto y la intención de su mensaje. Porque, además de un homenaje a aquella generación y aquella empresa, pionera nacional en los establecimientos ‘gourmet’ que un público selecto tanto frecuenta en determinadas ciudades, el propósito de uno no era otro que poner de manifiesto que algo más existía y tal vez pueda existir. Pequeñas iniciativas que, en suma, hagan posible un nuevo modelo de desarrollo y permitan a esos jóvenes o niños de hoy ganarse la vida mañana. Demasiado apoltronada parece esta sociedad, de todas formas, para lo que a fin de cuentas no es otra que reinventarse. Será, piensa uno, cuando el agua le llegue al cuello, cuando no quede otra que coger el hatillo e irse, como antaño. Y hoy, que parece que ese interés por lo ‘gourmet’, las denominaciones de origen, los productos que, aunque a un mayor precio, garanticen una calidad, vuelve para determinado público, estaría en pleno vigor recuperar alguna de aquellas loables empresas. Porque cree uno, modestamente, que no habrá ningún iluminado que siga pensando que por estos pagos vaya a aterrizar alguna multinacional ofreciendo empleo a tutiplén.

No creo que sea atrevido recordar que algunos de los de aquel tiempo mantequero hacían buenas migas con la masonería. Una pena que en su sepultura, ya abandonada, oscurecida como se oscurecen las más de las veces los recuerdos, apenas se distingan las letras alfa y omega y los dos relojes de sol labrados en la tosca piedra. Letras alfa y omega y relojes de sol que significan, para los masones, el flujo irremediable del tiempo, la consumación de un ciclo, pero también la posibilidad de invertir ese tiempo y regresar al principio, que es tanto como decir que el pasado se tiene que convertir, necesariamente, en futuro.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuantas cosas dices bloguero. Cuantas cosas dices que yo no acierto a decir. No se quiere pensar que puede haber un carbón blanco, no se puede pensar que hubo otro tiempo. No se puede pensar o no se quiere pensar. No se puede pensar porque no lo conocieron.
Cangaxu.

Groucho Marx dijo...

Llegarán días mejores. A veces uno cree en la evolución de la especie, otras lo contrario. Gracias por la visita.

xistreu dijo...

Mientras existamos debemos mirar hacia adelante aunque sea imaginando un futuro pretérito. Seguramente muchos habrá que coincidan en que si trabajamos la mente aquí habrá soluciones no tan negras como el carbón y este presente maniatado por la mano del gran explotador y la incertidumbre. Lo malo es que los hábitos consumistas, hedonistas, insolidarios y mansos, tienen a muchos atolondrados.

Es un placer leerte Groucho.

Groucho Marx dijo...

Gracias Xistreu. Para uno también es un placer leerte, tanto en las huellas de tu paso por mi blog, como en el tuyo. Simpatizo con buena parte de las cosas que te he leído.