miércoles, 13 de octubre de 2010

Vulgarmente llamado Guantánamo


Hace quince días, al calor de la huelga y la marcha de los mineros, el periódico ‘Gara’, de accionistas populares e ideología nacionalista vasca, publicaba un reportaje sobre las condiciones laborales y las vicisitudes del encierro de los mineros de Tremor de Arriba. Aunque como la red propicia esos milagros, a uno ya le había llegado el enlace de la publicación y pudo leerla, un correo de un amigo rebotó el enlace con una pregunta directa: “Por favor, ¿alguien puede decirme si esto es cierto?”

Pues va a ser que sí, piensa uno. Y recuerda un artículo publicado ya hace unos años en el que bajo el titular ‘La mayor infamia de Victorino’, el subtitular resaltaba cómo “las explotaciones a cielo abierto de Laciana dan trabajo a muchos jóvenes, que a diario son humillados por sus superiores. Las condiciones laborales son inauditas y, según ellos, tercermundistas”.

Uno no utilizó grabadora para entrevistar a los entonces cinco despedidos del cielo abierto de Fonfría, propiedad de Victorino Alonso y meses después de aquel artículo declarado ilegal por los tribunales. “Nos echan por pedirles respeto y educación. Faltan siempre al respeto, insultan y amenazan a la gente. El colmo fue no dejarnos hablar por la emisora”, relataba uno de los cinco despedidos.

Y es que ciertamente el colmo había sido no dejarles hablar por la emisora. Tras esa nueva norma impuesta, se reunieron y decidieron llamar al encargado para interesarse por aquel hecho. “No habláis porque no me sale de los cojones”, dicen que les contesto éste, un tal José Luis, apodado ‘El Largo’. Al ver su actitud, le pidieron hablar con el ingeniero. “Quién os creéis que sois? ¡Nadie, no sois nadie para hablar con él!”, dicen que les dijo. Y las mismas expresiones utilizó el ingeniero, con la apostilla de que “fuera de horas de trabajo, no voy a hablar con nadie”.

Pasaron unos días y “esperando por el ingeniero y aguantando”, decidieron ir a los sindicatos, lo que se supone normal cuando un trabajador tiene un problema laboral. La primera visita fue a la sede de UGT en Villablino, solicitando se celebrara una asamblea para exponer al resto de compañeros el problema. Les recibieron el entonces secretario comarcal, Juan Carlos Álvarez, y el entonces presidente del comité de empresa, José Manuel Álvarez Maestro. “Tenemos que decir que no nos hicieron ningún caso; nos dijeron que no era el momento y que no se podía conseguir nada. Y lo más grave, es que a los cinco minutos, el ingeniero ya sabía que habíamos estado allí”. Al menos esa era la versión de los cinco despedidos.

Poco después hablarían con el también secretario comarcal de CCOO, Augusto Pires. Éste decidió hablar con UGT para elaborar un comunicado conjunto y enviarlo a los medios. “Quedaron en hacerlo y ese mismo día, por la tarde, UGT emitió su propio comunicado y lo envió a la radio y los periódicos de manera unilateral, incumpliendo el compromiso que habían adquirido”.

Y después llegó la asamblea. Juan Carlos Álvarez, de UGT, dijo a los despedidos que “si los obreros hacían movilizaciones, para que nos readmitieran y pudiésemos mejorar las condiciones laborales, no había inconveniente… pero visto lo visto, lo mejor era no hacer nada”. Ese “visto lo visto” se refería a que en la asamblea sólo se habían presentado unos pocos trabajadores de El Feixolín, otros pocos de Fonfría, los cinco despedidos y dos de Carrasconte. “Vulgarmente llamado Guantánamo, puedes ponerlo”, apostilló uno a quien esto escribe. Nada de extrañar, pues el encargado de Fonfría, un tal Manolo, había advertido a sus subordinados de una orden del ingeniero, de que el que asistiera a la asamblea, estaba automáticamente despedido. “El ingeniero dice que esto no es una democracia, que estamos sometidos a una dictadura, como lo está él con Victorino”.

Puede parecer mentira, pero hay más. Mañana lo verán.

2 comentarios:

Xistréu dijo...

Lamentable experiencia la de estos muchachos, que, supongo, habrían decidido dar este paso después de pensarlo un par de veces, sobre todo, teniendo en cuenta en que ambiente de solidaridad se encontraban y la actitud mantenida hasta ese momento por el resto de la plantilla.

El chasco debió ser soberano tras comprobar en su propia piel, como defiende los intereses y derechos de los trabajadores el manual sindicalista moderno.

No es de extrañar, que con conductas sindicalistas de este tipo, a mucha gente no le haya quedado otro remedio que aceptar el trágala y pasar de ellos.

De todas formas, siempre hubo y habrá gente honesta dispuesta a luchar por defender los derechos de los trabajadores, pero, me pregunto, ¿donde estarán? ¿qué habrá sido de ellos?

Groucho Marx dijo...

Seguramente están escondidos en algún cajón, Xistreu. No es fácil dar la cara entre tanto despropósito e inaprensivo. Pero cabe pensar, o soñar, que vendrán tiempos mejores. Qué remedio para no decepcionarse...