viernes, 10 de diciembre de 2010

El cielo sigue estando azul


Bueno, ya está. Al final 2018. La fecha tope para el cierre de las minas fijada por la Unión Europea. No se sorprende uno porque algunos ayer incluso lanzaran campanas al vuelo. Sabido es que no se consuela el que no quiere. Sin embargo, la letra pequeña del acuerdo tácito de Europa con los Estados interesados en el asunto -España y Alemania, principalmente- dice que la prolongación por cuatro años más de los previstos está condicionada a una reducción paulatina y progresiva de las ayudas. El presidente de Hunosa ya ha pedido hoy que en 2015 se vuelva a echar un vistazo a la cuestión, por si fuera menester prolongar la agonía y, de paso, garantizar el futuro. (No sabe uno si se refería al de Hunosa, al de la minería o al suyo propio. Seguro que a este último de manera especial). Y la patronal Carbunión, presidida por Victorino Alonso, se ha pronunciado sobre esta prórroga para decir que “ni es un respiro ni permite tener un horizonte. Simplemente se trata de alargar una situación que va hacia el mismo destino: el cierre de las explotaciones”. ¿Acaso no lo sabían cuando firmaron los dos planes del carbón?

Frente a semejantes tópicos sin sentido, uno se queda hoy con las palabras del ministro de Industria, que parece tener las cosas claras. Miguel Sebastián ha dicho que “tenemos tiempo suficiente, con el nuevo reglamento hay mimbres para hacer un buen Plan del Carbón, pero tenemos el horizonte del 2018 y más allá no podemos ir”. Para ello, ha adelantado que las negociaciones para este plan se iniciarán el próximo año con sindicatos y empresas, concluyendo que “lo que tenemos que buscar es un marco de futuro para las cuencas mineras”. Pues espera uno que las palabras de Sebastián no sean también un tópico sin sentido. Y que este tiempo, esta última carrera, sirva para corregir vicios, errores, despilfarros y etcétera de los dos anteriores planes. Porque si el primero fue un fracaso, el segundo va camino de superarlo, si no lo ha superado ya, y eso que parecía difícil.

Estas líneas apresuradas quieren traer hoy una imagen paradigmática. Cuando se inició el declive de la minería, en los primeros años ochenta, la estación de esquí de Leitariegos tenía apenas un remonte y el parador como único punto de atención a los visitantes. Eran pocos, porque el esquí no era entonces tan popular ni accesible como lo es hoy, y ni siquiera era bien visto por algunos políticos lacianiegos ni por una parte de la sociedad. “Deporte de ricos”, dijeron algunos visionarios. Los mismos que repetían que el carbón tenía un gran futuro en el contexto sociopolítico europeo y hasta mundial y que calificaban el destrozo de los cielos abiertos como un balón de oxígeno que salvaría a la comarca. En aquellos ochenta se inició la sangrante explotación a cielo abierto al otro lado del puerto donde estaba la estación de esquí, y ésas manchas negras y laderas peladas que se ven en las imágenes dan fe de ello. Los resultados a la vista están. Hoy, los miles de esquiadores que se dan cita en Leitariegos no ven ya aquella explotación, ilegal y sin restaurar como todas las demás, pero sí las heridas de aquel destrozo. Sin embargo, en las dos montañas de detrás, disfrutan de las vistas de dos descomunales explotaciones -también ilegales- que sólo consigue tapar, a veces, la nieve. La mayoría (por no decir todas) de las minas subterráneas, las minas de toda la vida, fueron abandonadas a lo largo de los años noventa, y el número de mineros mermó notablemente. Paralelamente a eso, la huida de las primeras hornadas de prejubilados en masa a ciudades próximas asturianas y leonesas y a la costa levantina redujo también el censo en varios millares. Y, entremezclado con todo eso, se tejió una urdimbre de psicosis en especia presagiando el acabose. Hosteleros, comerciantes y demás autónomos se dejaron llevar por la milonga, salvo unos pocos que, entre aventurados y atrevidos, tuvieron la quijotesca idea, la indudable necesidad y la admirable valentía de creerse que otra cosa podía ser. Y en ésas están, luchando contra los elementos.

Excusa uno de decirles que ninguno se va a prejubilar en 2018. Porque para ellos no hubo ni habrá balón de oxígeno. Sabían antes de emprender sus negocios que el carbón estaba y está condenado a desaparecer. Se sabía desde los ochenta. Pero ellos, todos ellos, pese a saber también que se han perdido unos espléndidos treinta años en vender humo, ir de espaldas a la realidad y despilfarrar miles de millones es una realidad palpable y probada, saben que el tiempo que hoy se inicia es el único que le queda a la comarca, como al resto de las cuencas mineras, de salir del atolladero en que la irresponsabilidad de unos, la ignorancia de otros y la comodidad de todos la sumió.

Por de pronto, el cielo, como en la foto, sigue estando azul.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Abocados como se está, a la desaparición del monocultivo del carbón, debería ser la hora definitiva para que se recarguen las pilas, tanto sindicatos como políticos y de una vez por todas, se trate de solucionar el grave problema que tiene la comarca. No valen paños calientes, ni demoras. 8 años se pasan sin que uno se de cuenta, y luego nos llevaremos las manos a la cabeza, lamentando la ineficacia y la abulia de unos y de otros. De no haber solucionado el asunto antes de ahora, ya nos queda muy poco tiempo para hacerlo, y no se consigue con consignas o dimes y diretes en los bares de la localidad. Hay que trabajar y luchar a otros niveles, y quien puede hacerlo, ya va siendo hora que demuestre la confianza que se ha depositado en ellos.
!!!PORCA MISERIA¡¡¡

OZNA-OZNA dijo...

despues de violar nuestras montañas, y quitar la vida a muchos seres queridos , ahora nos encontramos en sin salida. como dice anonimo ¡¡¡porca miseria¡¡¡ un besin de esta asturiana sobrina y nieta de mineros.

Piorno dijo...

¡El cielo sigue estando azul! Dice Groucho. Me gustaría poder participar de ese optimismo, porque, lo que es a mí, me parece que más bien está cubierto de negros nubarrones. El 2018 queda a la vuelta de la esquina y, como en anteriores ocasiones, llegará sin que nadie haya movido un solo dedo por paliar, ya sea sólo en parte, la tristeza de tener que entonar un “réquiem” por nuestro valle. Ahora bien, este nuevo plazo, aunque exiguo, será lo suficientemente amplio para que terminen de destrozar lo poco que de nuestros montes queda. Nada me causaría mayor satisfacción que equivocarme, pero mucho me temo que llegará la funesta fecha y, como único remedio –es lo que desde hace años venimos haciendo- seguiremos mendigando otra prórroga a la Comunidad Europea; eso, suponiendo que para entonces sigamos aún siendo miembros de la misma. En una emisora de TV, tan poco sospechosa de crispar, como es “24 horas” (propiedad de TVE), el pasado domingo dieron una noticia que, de haber tenido pelo, me lo hubiera puesto como escarpias. La noticia decía literalmente: “La Unión Europea esta preparando una patente, de la que deja fuera a España”. Por algo se empieza.

Rio Sil dijo...

Tendremos que aliarnos con Portugal para ser un poco mas resistentes al fumo

Xistréu dijo...

No sé si se trata de que el fumo nos ciegue los ojos, o de aprender a aguantar el escozor. Está claro que a quienes lo venden les va bien, y lo que es peor, si la cosa no cambia -pinta no tiene- piensan seguir a lo suyo, que, además de ser un trabajo de mínimo esfuerzo da resultados increíbles en las urnas.

Los que cerraron el acuerdo con Viloria, y a la mañana siguiente lo ajustaron definitivamente con Vitorino, me parece a mi que nunca han dado una puntada gratis.