viernes, 3 de diciembre de 2010

Música amable, tranquila y feliz


No cree uno que a nadie pueda resultar desconocido el nombre de Rosa Torres-Pardo. Una de las mejores pianistas españolas de nuestro tiempo. Cada año, cada julio, durante los últimos diez, visita Robles de Laciana para acudir a la llamada de Eduardo Arroyo y participar en un encuentro de música clásica de dos días, el primero en el jardín de la casa del pintor con carácter privado y el segundo para el público general, arropado por la iglesia románica y preciosa de Robles.

Rosa está de actualidad porque acaba de publicar un disco con el título ‘Tangos, habaneras y otras milongas’ (editado por Deutsche Grammophon), en el que acompañada por el Cuarteto Assai, que la ha acompañado en muchos sitios y también en Robles, interpreta varias de las piezas más complicadas del repertorio clásico.

Para el anecdotario general queda que el disco se grabó, a pesar de esta circunstancia, en dos días, lo que da idea de la preparación y la solvencia de los intérpretes. Y en el repertorio, piezas de artistas de la talla del Gran Astor Piazzolla, danzas de su compatriota Ginastera, inigualables composiciones de nuestro Albéniz y el estreno de un quinteto para cuerda y piano compuesto por Emilio Aragón.

Y en fin, que esa portada de trazo almodovariano -recuérdese, por ejemplo, el cartel de ‘Todo sobre mi madre’- esconde en su interior un auténtico tesoro y un privilegio. Como lo es tener en un valle que naufraga entre tinieblas, cada verano, a esta gente de la música por un par de días ofreciendo lo mejor de su arte. Así que a disfrutar de esta “música amable, tranquila y feliz”, en palabras de la propia Rosa Torres-Pardo.

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