lunes, 13 de diciembre de 2010

Valientes asesinos de lesa humanidad


Escribía uno hace no mucho que la valentía está en sus horas bajas. Valiente era antes el que carecía de miedo, el que se enfrentaba a los poderosos. Pero en este tiempo de libertades cautivas el que se comporta así es un héroe, no un valiente. Pena da ver que la valentía consiste hoy en decir lo que uno piensa. Decir, pensar, dos palabras que invertidas pueden significar lo contrario, ya que la gente termina pensando más lo que dice que diciendo lo que piensa, y aunque parezca lo mismo, no lo es.

Los periódicos están llenos de “fuentes” informativas que nunca se identifican. La Real Academia Española, en su próxima revisión del diccionario, tendrá que reinventarse la palabra o dejar el caso directamente en “filtraciones”, porque las fuentes se mojaron toda la vida y aquí hoy no se moja ni Dios. Salvo para el chismorreo, claro, que ése sí que cotiza a la alza. Tanto para criticar o sacar los trapos sucios de los protagonistas o tertulianos de la telebasura, como para hacer lo propio con el vecino del cuarto o la rubia de bote del quinto, se nos ilumina sobremanera la bombilla.

La cosa debe dar incluso un chocante estado placentero a algunos, y debe también ser algo parecido a un opio colectivo, porque esos programas -a la vista de que afloran como setas- están en claro auge. Qué pena. El torero que le puso los cuernos a la mujer, el ex-gran-hermano que criticaba al otro a sus espaldas, la mujer del cantante que se lió con el guitarrista y etcétera. Y uno al final se las sabe todas, porque como Julio Anguita dijo una vez en una entrevista cuando le preguntaron si sabía quién era Belén Esteban, “como para no… si sale en todos los lados”.

Podría parecer chistosa la detención de Julian Assange porque la historia de las dos presuntas violaciones en Suecia huele a montaje que apesta. Entre otras cosas, porque parece que las relaciones que hubo fueron consentidas, y porque caso de haber habido una violación, posteriormente y en agradecimiento la que dice ser víctima preparó para su ilustre visitante una fiesta. Ofende sólo pensar en el caso y en la utilización de un drama que viven muchas muchachas y mujeres, por desgracia, para destruir a un ínclito como Assange. Quien, desde luego, no debe ser ningún santo, pero no cree uno que su punto débil sea ése. Y en fin. Por de pronto, ya han sido puestos de manifiesto varios elementos contradictorios sobre el caso, pero el ínclito Assange está en prisión. Quietecito, controladito y calladito, por si las moscas, que ya ha hecho valentías por esta vida y las otras seis que tendría un gato.

No les va a contar uno quién es Assange ni va a indagar siquiera sobre él. Seguramente todo lo que pudiera salir en la red ha sido ya a estas alturas manipulado. Tampoco es de interés hacerlo, al menos en este texto, ya que uno quería traer a colación los hechos y no el protagonista. Que se apellide Assange o Gonçalves, que sea australiano o portugués, es lo de menos. Lo único, recordar que ha hecho posible el conocimiento general de buena parte de los secretos diplomáticos de los últimos años. Secretos que, como ha recordado Javier Solana, a quien se presupone buena información internacional, no aportan ninguna sorpresa más allá de ciertas curiosidades, ya que todo era sabido, pero ponen “negro sobre blanco” lo que se podía sospechar, pensar o concluir. Es decir, ahora se sabe porque está documentado, probado y demostrado.

Supone uno que ahora el ínclito Assange será extraditado y juzgado. Y supone uno que será condenado porque es la única forma que parece haber de quitarlo de la circulación y que deje de sacar a la luz filtraciones como las que ha sacado. ¿A que no se imaginan, bajo ningún concepto, que sean condenados todos los autores, incitadores y encubridores de los gravísimos hechos que los cables yanquis y otros documentos que Assange ha publicado en su página? ¿A que no se imaginan tampoco que recaerá algún tipo de condena sobre los responsables, por acción u omisión, de la salida de esta documentación de las bases de datos que debieran custodiarlos con total seguridad? ¿A que no se imaginan ni siquiera que sean juzgados? Tampoco pasa nada, son minucias: venta de armas y elementos militares de alto nivel a países que ponen en riesgo la seguridad mundial, tráfico de obras de arte, la utilización de los elementos estatales con fines más que espurios y, sobre todo y por encima de todo, la muerte de miles y miles de víctimas inocentes en la guerra de Iraq. Minucias para valientes como George W. Bush, Toni Blair, José María Aznar y compañía, que escriben en sus bien pagados libros de memorias que hicieron lo correcto pese a que todo evidencia que deben ser considerados como valientes asesinos de lesa humanidad.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Leyendo tu comentario, uno se pregunta si será posible que algún día tengamos una noticia que merezca la pena perder el tiempo con ella. Hoy, simplemente encontramos basura y más basura, a todos los niveles sociales; intoxicación permanente con unos fines determinados, y me llama mucho la atención que esas personas, no sientan ni el más mínimo rubor, cuando sueltan esas peroratas sin mover ni un músculo de sus petrificadas caras, teniendo conciencia de que lo único que están propalando, son falacia tras falacia, mentira tras mentira, pero siempre con un fin muy estudiado, intentando engrosar sus posibilidades de poder o de dinero. Malditos ambos.
Aquí tengo que decir !!!PORQUÍSIMA MISERIA¡¡¡

Xistréu dijo...

Como sabéis esto no tiene trazas de mejorar, además el cambio que vendrá será para darnos la puntilla. Mientras tanto, la mayoría desinformada y aborregada vive de espaldas a la realidad, sin reparar en que a este paso nos van a cobrar impuestos hasta por respirar, y si no al tiempo. Dentro de poco esta casta política española dejará de sorprendernos, bastará con imaginar como estábamos hace veinte años, para suponer que estos privilegiados actuarán de modo contrario a lo que impone el sentido común. Mandan los mercados, los ladrones banqueros insaciables de riqueza y poder. Hemos perdido hasta el castizo derecho al pataleo. La gente corriente corriente se conforma con mirar para otro lado, les molesta pensar, son dóciles, y de ese modo es imposible impedir que ellos nos hundan definitivamente en la más absoluta miseria.
Puedo parecer desesperado, pero me aterra pensar que, de seguir por estos derroteros, lleguemos a vomitar aquella maldita frase de los nostálgicos del Movimiento.

COMO_DORE dijo...

El hombre inventó las armas y las guerras. Inventó un dios para que perdonase su crueldad. Y luego inventó la política para que legitimar aquello que su dios no podía perdonar y darnos una "buena" educación.
Guerra, religión y política son los males de la humanidad.

Podremos acabar con esto?.....

Saludos,