jueves, 30 de septiembre de 2010

Oviedo rojo ardiente


En ‘El País Semanal’ de este domingo viene, en portada y en un amplio reportaje interior, la noticia de que los negativos de la maleta aparecida en México hace tres años y medio con fotos de Robert Capa, Gerda Taro y David Seymour, ya ha sido “trabajada”. Una exposición el ICP de Nueva York muestra estos tesoros ocultos durante siete décadas.

La rocambolesca historia de su pérdida o extravío puede ser tomada como novelesca. Al concluir la guerra de España, a Capa le pilló en París la aproximación del ejército alemán y huyó a Estados Unidos. Pero antes de hacerlo, encargó a su ayudante de laboratorio que salvaguardara tres cajas de cartón con aquellos clichés. 1939 terminaba y los alemanes se acercaban cada vez más a la ciudad de la torre Eiffel y la catedral de Notre Dame. El ayudante de Capa, judío como él, huyó también a América, no sin antes dejar los clichés en una maleta en la Embajada de México en Francia. Seguramente, pensando que en sede diplomática quedarían a buen recaudo. Un par de años después, un general mexicano embajador de turno ante el gobierno de Vichy, las vio en la Embajada y decidió quedárselas y llevárselas a su país cuando regresó a él. Allí estuvieron hasta que hace quince años y tras una serie de casualidades y paradojas, Conell Capa, hermano de Robert y custodio de su legado, se enteró de la existencia de la maleta. Desde ese momento, trató de conseguir verla, las más de las veces sin éxito, hasta que la suerte cambió.

Gracias a su persistencia y la intervención de una serie de personas, la maleta ha llegado al ICP, propietario de los derechos de autor desde que Conell Capa falleció en 2008. Y como suele suceder, ya ha habido más de una polémica respecto a los derechos de una y otra cuestión, como siempre que hay un dólar en juego. Aunque cabe celebrar que esas disputas no nos hayan privado de ver este tesoro, la frase que contiene el reportaje debe hacernos reflexionar: “¿A quién pertenece una fotografía? ¿A quien la toma, a quien la salva…? ¿O a quién la ve…?” Quién sabe, pero debería pertenecer a todos y a nadie. La imagen que ilustra estas líneas aparece en el reportaje de ‘El País Semanal’ y no consta cuál de los tres retratistas es su autor. Y poco importa a quien esto escribe de todas formas. Lo que importa es que como dice Benjamín Prado en un certero artículo que acompaña al reportaje, el verdadero atractivo de estas imágenes no es sino que exponen la guerra al mundo, su crueldad, su drama, y aunque son instantáneas tomadas en España, podrían haber sido tomadas en cualquiera de las guerras que han aterrado y aterran el mundo.

Escenas de muerte, retratos del ‘torero’ Hemingway echando un pitillo con los milicianos, un Lorca en sus últimos días en Madrid antes de partir para Granada en su último viaje, Dolores Ibarruri con aspecto compungido y tantas cosas. “No ha habido guerra que haya dado tantas imágenes memorables”, dice el texto. Algunos se apenan por un hueco vacío en los casilleros de la maleta. Podría ser el de la foto más famosa de la guerra, “Death of a Loyalist Soldier” (“Muerte de un miliciano”), que Robert Capa tomó con su Leica III en el cordobés Cerro Murciano cuando languidecía el verano de 1936. Esta foto, una de las más famosas del mundo y considerada por muchos la mejor instantánea de guerra de todos los tiempos, ha sido puesta en entredicho no pocas veces como un montaje, pese a que varias investigaciones han demostrado que el soldado que aparece en ella presuntamente abatido es el veinteañero alcoyano Federico Borrell García, muerto en aquellos días en el frente. Su misterio, casi legendario, persistirá, aunque a uno poco le importa que sea real o ficticia, sino que exista.

Ya se ha dicho al principio que la maleta contiene imágenes tomadas por Robert Capa, Gerda Taro y David Seymour. Curiosa historia la de los tres, siempre tan cerca de la batalla, siempre tan rozando la muerte que se metieron de lleno en ella. Seymour, judío polaco y cofundador de la emblemática agencia Magnum, fue abatido por un francotirador en la guerra de Suez en 1956. Dos años antes, Robert Capa falleció tras pisar una mina en Vietnam. Y Gerda Taro, la judía alemana que conquistó el corazón de Capa, murió en la batalla de Brunete, aplastada por un tanque. “Murió joven, bella y fuerte, dejando una herida en Capa que nunca quiso cicatrizar”, nos dice el reportaje de ‘El País Semanal’.

Viendo las fotos uno se pregunta si realmente algo puede cicatrizar. Y se da cuenta uno de la importancia de todas y cada una de ellas, de lo humanas que pueden resultar a pesar de la barbarie que esconden. Y uno se queda, por ejemplo, con ese par de niños que juegan entre las ruinas de aquel Oviedo rojo ardiente. Sin comprender, seguramente, de qué iba aquello, por qué tanta muerte y tanta ruina, ni siquiera qué estaba pasando.

Y lamenta uno que no fueron los únicos que no lo comprendieron, ni lo comprenden.

martes, 28 de septiembre de 2010

Un pan como dos hostias


Como los pocos lectores de este blog saben, los mineros de Laciana y El Bierzo llevan unos días caminando por la carretera desde Villablino hasta León. Las empresas de Victorino Alonso y Manuel Lamelas no tienen solvencia para abonar las nóminas, dicen, mientras que la Hullera Vasco-Leonesa sí. ¿Falta de previsión, desvío de fondos, o simplemente jeta? Posiblemente un poco de todo.

Así que tras dos meses sin cobrar y varias semanas de corte de carreteras y problemas diversos, se decidió emprender de nuevo la Marcha Negra con 200 integrantes. Conviene decir que éstos no hacen más que lo que pueden hacer, porque pocas salidas más les quedan. Y tanto en la prensa como en otros foros se ha recordado, inevitablemente, la expedición que en 1992 llevó a 500 mineros a Madrid para ‘salvar’ la Minero Siderúrgica de Ponferrada, en “quiebra fraudulenta” tras la cuanto menos fraudulenta gestión del consejo de administración de entonces. Etcétera.

Las noticias que hoy llegan de Bruselas apuntan a que el Real Decreto de incentivos para el consumo de carbón nacional será aprobado finalmente mañana por la Comisión Europea, a condición de que el Estado español no conceda más ayudas a la minería después del 2014. Nada sorprendente, ya se sabe que en una negociación cada parte debe ceder en sus pretensiones para llegar a un acuerdo. Ése sería el compromiso que habría alcanzado el Gobierno con la UE, y que mañana o pasado saldrá seguramente en algunos periódicos, claro está, en letra pequeña. Las ayudas actuales al carbón de la UE expiran el último día de este 2010, y la propuesta europea no era y es otra que prolongarlas hasta 2014, con la suerte de que cualquier ayuda otorgada en estos cuatro años ha de presentar un plan de cierre para las minas deficitarias de España, Alemania y Rumanía.

El Real Decreto viene a disponer, en síntesis, la obligación a una decena de térmicas a quemar carbón nacional y, a cambio, compensa la presunta diferencia de precio entre éste y el de importación, con un precio fijo y la garantía de colocación de la electricidad que las centrales produzcan con ese combustible. La justificación de semejante parida, no es otra que la “garantía de seguridad de suministro”. Qué palabras más huecas se sacan los políticos de la chistera cuando no tienen argumentos.

En teoría, en este momento las centrales de nuestro país que queman carbón nacional son las asturianas de Soto de Ribera (Hidrocantábrico) y Narcea (Fenosa), las leonesas de Compostilla (Endesa), Anllares (Endesa-Fenosa), La Robla (Fenosa) y las de Andorra (Endesa), Escucha (EoN), Velilla (Iberdrola), Puentenuevo (EoN) y Elcogás (Endesa). Si digo en teoría es porque todos los habitantes de las cuencas sabemos que el parte del carbón que entra en térmica es de importación, uno que suministran las propias empresas mineras y otro que piden y reciben directamente las eléctricas. Todas, sin excepción. Lo reconocen las gallegas de As Pontes (Endesa) y Meirama (Fenosa), a las que no duelen prendas en decir que queman combustible importado, habiendo hecho inversiones multimillonarias para poder quemar en sus calderas, alabando su poder calorífico superior y sus menores impurezas y gases de efecto invernadero. Esto significa -dicen- poner en el mercado una tarifa más barata por cada megavatio producido, y la reducción de las emanaciones contaminantes. Así que van a recurrir en los tribunales el Real Decreto. Seguramente muchos se sorprenderán de esto de la tarifa más barata, y es que hace no tantos días que los periódicos abrían sus planas con una nueva subida de la luz. Una más, y las que quedan.

Como también los pocos lectores de este blog saben, esta norma nuestra cosechó no pocas críticas y objeciones, no sólo en nuestro país, sino en la propia Europa, donde se dijo y se dice -con razón- que contradice la política comunitaria de reducción de emisiones de CO2 y apuesta por las renovables. Y uno recuerda ahora la OPA a Endesa, o que Fenosa cayó en manos de Gas Natural, entre otros etcéteras.

Así que a cada lado del Real Decreto están unos. Por el este (León, Palencia, Asturias) los mineros. Entre empresas auxiliares, cielos abiertos y mina, no superarán los 3.000 empleos. Y por el oeste, en la verde Galicia, las térmicas y ciclos combinados, con 3.500 empleos directos e indirectos al parecer. Y en el medio los demás, viendo a los mineros caminar entre ruinas del antiguo esplendor de la industria y montañas del carbón comprado a las empresas con dinero de todos, que no se quema y se está perdiendo en las riberas del Sil, sin espacio ya para ser apilado. La foto es no sé si premonitoria, pero sí elocuente.

Y viendo la foto y pensando en estos 3.000 y en los otros 3.500 se pregunta uno qué va a pasar en 2014, o cuando sea. Y piensa uno que con esto del Real Decreto lo que se está haciendo es “un pan como dos hostias” que decimos los de pueblo. Como en el chiste del comunista espabilado, lo vuestro para mí y lo mío también para mí. El espabilado no creo que sea comunista pero tendrá una vez más el pan y las dos hostias. Por si lo saben se llama Victorino y se apellida Alonso.

lunes, 27 de septiembre de 2010

El olor de aquella rosa


Para Tere y Eduardo

Mentiríamos si dijéramos que recordábamos el olor de aquella rosa, pero su color jamás se olvidará. Era un color sutil, desteñido a golpes de sol y el revolotear del tiempo. A veces las cosas menos esperadas se cuelan por la retina y se estampan en la piel. Se marchó para siempre, sin mirar atrás y en una sola rosa guardó el adiós, el para siempre, el olor de su pueblo, y la ironía de la partida de quien se va pero se queda, porque quienes se quedaron no la olvidan. Era una rosa que se volvió un entramado de memoria prodigiosa, recuerdos que vertía como tesoros inacabados, anécdotas de aquel tiempo feliz, estampas regaladas a golpe de café y escaño, palabras de los antiguos -en patsuezu- vertidas a borbotones.

Se marchó para recordar cada eco que guardaban el pueblo, el monte, la nieve o la niebla. Se marchó porque le tocaba ya encontrar a quien un día partió sin saber que nunca iba a regresar. Se marchó porque lejos el pueblo era mucho más dulce y el regreso mucho más placentero de lo que ella jamás pudo imaginar.

Se marchó como se marcha el agua en el río o el regato: hacia abajo, mansamente, sin hacer ruido, pero volviendo siempre al punto de partida. Porque todo es cíclico y, al cabo, ir y venir termina siendo lo mismo. Que se lo hubieran dicho a ella, que nació en las Américas y no necesitó hacerlas nunca, porque ya las había hecho queriendo o no. Se quedó en su pueblo y fue feliz, a pesar de las pérdidas, que las tuvo pero supo superar, porque para ella no fueron pérdidas ni ausencias, como hoy tampoco lo es la suya. Porque el pueblo y la gente y el río y el agua que viene y va, y él, el marido, y él, el hijo, y ellos, y todos, y el Valle, fueron su felicidad.

Se llamó Isabel la de Carbajo y nació un 23 de abril. Hoy hace cien años.

* Este texto fue incluido en el libro ‘Recuerdos’, memorias de Isabel Álvarez (1910-2000), publicado como homenaje en el centenario de su nacimiento por el Club Xeitu en edición no venal. El libro fue regalado a todos los asistentes al III Recital de Patsuezu celebrado en La Casona de San Miguel de Laciana el 31 de julio de 2010.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Hipocresía


La alcaldesa de mi pueblo dijo una vez, hace unos meses, que el Presidente del Gobierno iba a poner “la guinda al carbón” durante su turno en la Presidencia de la Unión Europea. Se refería a la aprobación de “un nuevo reglamento del carbón que dará estabilidad al sector en el futuro”.

Para la alcaldesa de mi pueblo, que también es senadora y vicepresidenta de la Comisión de Industria del Senado, el gobierno ha mostrado desde el primer día “una decidida apuesta” por el sector, aprobando el Plan del Carbón, “apostando por la combustión limpia del carbón a través del proyecto de investigación de la Ciuden para la captura de CO2” y con la aprobación del almacenamiento temporal de un carbón que las eléctricas se niegan a quemar y a recibir. Y, al fin, con el real decreto que “garantiza” -en febrero lo garantizaba decía ella- el consumo del carbón en la generación eléctrica.

Ahora Óscar López, secretario general del PSOE en Castilla y León aunque vecino de Madrid, dice a los mineros que cruzan estos días El Bierzo que cuentan con el presidente, “único aliado” de su lucha contra “un empresario que no les quiere pagar el sueldo, un Tribunal de Defensa de la Competencia que está en contra del carbón, a la Comisión Europea y al Consejo Europeo que están en contra del carbón, las empresas eléctricas, que son poderosas, y el PP”. Me recuerda el chiste del kamikaze en la autopista, todos estaban equivocados de dirección y él iba bien. Pero es una pena que este López no comente ni de refilón, cuando dice estas cosas, que la voz cantante del tema en la Unión Europea la lleva un tal Joaquín Almunia, militante y hace unos años máximo responsable de su partido, que es el del presidente y el de la alcaldesa de mi pueblo. “El carbón se va a salvar y lo va a salvar Zapatero, en contra de la derecha europea, la derecha española y la derecha de esta Comunidad”, ha dicho el profeta López.

Para Óscar López el carbón tiene ahora mismo “tres problemas puntuales”. El primero, “coyuntural”, que hay dos empresarios que no pagan las nóminas que adeudan, y propone como solución que “el empresario pague las nóminas, y punto”. En segundo lugar, el problema que se plantea a su manera de ver es la aprobación de un real decreto que permita que sigan pagándose ayudas para consumo del carbón en térmica. Decreto que debe tener el visto bueno de la Comisión Europea -donde, nos dice, “gobierna la derecha”- y que hace una semana y media él profetizaba se aprobaría “gracias a la presión del Gobierno de España, entre otros”. Qué enigmático ese “otros”. Y en tercer lugar, el problema no es otro que la disposición de un nuevo reglamento que subvencione el carbón más allá de 2010, porque el actual expira este año y fue aprobado en 2002, siendo presidente José María Aznar.

La verdad es que uno no lo entiende. Lo del presidente, como no dice nada, tal vez no merezca comentarios, aunque si “poner la guinda” al carbón era permitir que capital extranjero se hiciera con las eléctricas, que un empresario de dudosa trayectoria goce de todo tipo de privilegios, que se dilapiden cientos y cientos de millones de dinero público en comprar carbón sin saber qué va a hacerse con él y etcétera, no sigo, mejor que se coma la tarta y la guinda él solito. Lo del tal López se mueve entre la manipulación y la ignorancia, que ya se sabe que es la peor de las desgracias que le puede caer encima a una persona. Y lo de la guinda, a no ser que sea por sus efectos diuréticos, tampoco se comprende, porque como única salida para explicárselo sólo quedaría la hipocresía.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Con el alma a las espaldas


Qué Arcángel de la guarda tan González,
qué imán, qué bien me sabe nuestro ahora,

qué carita de plato de Cabrales...

J. Sabina

De aquellos días de agosto salió un estío de extrañas heladas resuelto en arándanos y genciana. Florecieron los espantapastores y la braña dejó de oler a caldereta y de atronarse cada noche con los ladridos de los perros. Brotó poco después un otoño abundante en tonalidades y en samartinos, tratantes, ajos y avellanas en la Feriona, madreñas nuevas y la mastina, que parió tres cachorros.

Atrás quedó el verano fructífero en bolos, en fiestas, en partidas, en asturianadas. Quién sería aquél Juanín de Mieres del que tanto hablaban, con las cantaridas que echaban ellos aquí. En la Cantina, o en el Alcázar, o en el Azul, o donde fuera. Cantaba mejor el Presi, aquella del romance del fuego del grisú ardiendo en la sangre arisca, por el amor de una moza, que de su amor no sabía. Vivían al día porque para ellos no había mañana, sólo tal vez.

No tardó en empezar a nevar y el pueblo se enterró. Como se enterraban ellos en las entrañas de la tierra, cada mañana, muertos en vida y vivos en muerte, o lo que es lo mismo, tentando a la suerte con un pico, una pala, una fardela y la humildad de quien se sabe cautivo de la incertidumbre. Porque como dijo aquél, la muerte es sólo la suerte con una letra cambiada.

La nieve era el testigo mudo de unos días sin pulso, de una cirria abundante que cubría los montes y los prados y los caminos y las linares y los corrales y los tejados de las casas. Ellos, cada mañana, cada madrugada, abrían senda para llegar al pozo cuando el tren, el Mixto, el Correo o el Jaimito, no pasaban. Con una pala abrían la senda, un metro tú, otro metro yo, y atrás iba borrándose el rastro de sus pisadas y de sus paladas porque la nevada no amainaba. En la Pinietsa la vista era una bendición de los dioses, pero aquel blanco inmaculado del valle difícilmente podían dejar de verlo negro. Cruzaban el monte, sorteaban la braña, llegaban a la mina empapados y se mojaban dentro más. Horas y horas de trabajo por un mísero jornal, día sí y día también viendo pasar los féretros de los compañeros. Fueron muchos los días en que el grisú vino al tajo hambriento de sangre viva. Y así se fueron el entibador, el posteador, el guaje, el picador, el ayudante, el barrenista, el caminero. Tantos que hubo un día en que se perdió la cuenta de los muertos y de los vivos, por toda herencia una lámpara apagada y las huellas de una caricia. El último beso a la viuda, el último beso al huérfano.

Quedaron ellos, unos pocos, para contarnos aquella epopeya de un tiempo de dictadura atroz y miseria sin límites. Un tiempo que parecía lejano y, sin embargo, era tan cercano como ellos mismos, tan de carne y hueso, tan débiles ahora y tan fuertes inexplicablemente entonces. Vivieron en la miseria porque todo aquel trabajo nunca fue reconocido, pero sólo fue miseria en lo material porque la grandeza no se compra ni se consigue con nada, sólo con dignidad.

Tenía razón el Presi cuando cantaba que con el alma en las espaldas y la noche en las pupilas. Qué sencillo de contar el romance de su vida.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Calladamente solas


El 15 de septiembre de 1935 fue un día feliz en Villablino, supone uno. No totalmente feliz -¿existe algo o alguien así?-, pero sí un día para recordar, y recordado. Ese día se inauguró una fuente, que duró poco menos de 25 años, hasta que la ignorancia y ese progreso tan mal entendido siempre terminaron con ella.

Ese día se leyó uno de los más profundos discursos del añorado pedagogo Manuel Bartolomé Cossío. En él relataba cómo el día de Todos los Santos de 1885, “a las once de la noche se apeaban en Río Oscuro, donde entonces concluía la carretera, de un carricoche en el que habían salido de León al amanecer, cuatro personas: el fundador, dos grandes amigos suyos, egregios profesores de la Universidad y gloria del país, y un mozo, discípulo de ambos, que, profesor también en ciernes, no fue nunca otra cosa que aprendiz de maestro. Con un farol y a pie hicieron el camino vecinal a Villablino y entraron rápidos en la cocina de don Paco, porque la nieve, según vuestro refrán, no estaba en las puertas pero sí en los altos. De aquella cocina ya no salieron más que para enterarse de lo que creían necesario a sus propósitos. En aquellos escaños, al amor de aquel fuego, proyectaron, meditaron y resolvieron. Y al partir, a los pocos días, para Río Oscuro y León, en la misma forma, sin ruido alguno, habían creado en Villablino una fuente”.

Las palabras fueron leídas en su nombre, pues este fue el último discurso que escribió y dejó escrito, porque falleció el 1 de septiembre de aquel año, dos semanas antes de la inauguración a la que, ya muy enfermo, no iba a poder asistir. Como único superviviente de aquella noche de cincuenta años atrás, dejó escrito el testimonio de la fundación de la Escuela de Sierra Pambley de Villablino y la noche en que él, don Paco, Gumersindo de Azcárate y Francisco Giner de los Ríos, tejieron la urdimbre pedagógica y jurídica que alentaría su existencia y posibilitaría los mimbres de la mejor época del Valle de Laciana.

Viendo la foto de aquel día feliz de 1935 piensa uno en ellas, vestidas de lacianiegas, algunas risueñas, otras no tanto, miradas aplacadas por el sol, algunas tímidas, otras retraídas, otras desafiantes, y parece imposible que tan poco después se fuera para siempre tanta felicidad. La bandera de la República, tapando la dedicatoria grabada en la fuente. El niño que juega en aquel día de felicidad, ¿quién sería?, ¿qué habrá sido de él? Y ellas, sobre todo ellas, Maruja, Elisa, Mina, Natalia, Felipa, Nemesia y las demás, que no reconozco. ¿Cómo habrán podido pasar en tan poco tiempo del traje de fiesta al traje del luto? Posiblemente con sosiego y serenidad, toda una vida y muchos años para contarla. El novio preso, el hermano asesinado, el padre desaparecido, el hermano muerto en combate, el padre paseado, el vecino torturado. Y ellas tan solas, tan calladamente solas, que muy pocos repararon y reparan en ellas cuando se habla de la memoria histórica.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Escepticismo


Laciana en lucha, los mineros a la calle, reivindicamos nuestros derechos, por un futuro digno y Laciana reindustrialización. Eslóganes de lo más prometedor, si no fuera por ser tan manidos. Laciana minera, en la historia, hoy ya no es realidad, por suerte o por desgracia.


La lucha que los mineros han emprendido estos días obliga a uno a mantenerse un tanto escéptico. Pensando, sobre todo, que se perderá una oportunidad, tal vez la última, para hacer lo que realmente debería hacerse, y no poner otro parche, que es lo que parece quiere hacer la administración, con la complicidad de los sindicatos. En realidad unos y otros llevan dormidos mucho tiempo, pero este mal no viene del retraso en la aprobación -aún dudosa- del Real Decreto de incentivos para consumo de carbón español (una aberración jurídica, por cierto, aparte de un expolio a las arcas públicas y al bolsillo del ciudadano), ni de la fecha de 2014 como fin de las ayudas. Cualquier persona que haya seguido la crisis de la minería, o la haya vivido, en las últimas décadas, sabe muy bien que puede mirarse más atrás, al menos desde la incorporación de España a la UE y, en el caso de la Minero Siderúrgica de Ponferrada, desde la crisis de los 70.

Que la situación haya llegado hasta este extremo, no es de extrañar, sino simplemente una lógica evolución de los acontecimientos. Que dieciocho años después tengamos que repetir la Marcha Negra demuestra que no hemos hecho otra cosa en 18 años salvo perder el tiempo, mientras, eso sí, otros lugares avanzaban y determinados empresarios, con la inestimable cooperación, cuando no colaboración, de políticos y sindicalistas de manga ancha, hicieron el agosto a costa de la industria, de los obreros y del patrimonio común.

Que la minería como tal se terminara en 2014 no estaría nada mal si con eso el Estado se ve obligado a tomar medidas, bien en el sentido de nacionalizar de una vez la actividad, con todas las de la ley, creando una reserva estratégica seria, o bien en el sentido de reindustrializar con otras actividades. Pero me temo que será demasiado pedir, y sería demasiado extenso hablar acerca de ello en este primer post, con lo cual, de momento aquí queda.

Para terminar, y volviendo al escepticismo, la Marcha Negra no deja de ser una iniciativa loable y sobre todo pacífica, que demuestra que no todo se arregla a golpes y porrazos con los antidisturbios -siempre heridos, siempre dañados en la lucha según los medios, cosa que nunca les pasa los mineros-. Pero las gestas sólo suceden una vez en la vida, y 1992 queda muy lejos para muchas cosas. Uno piensa, por hablar de lo cercano, que si dentro de cuatro años la selección vuelve a ganar el Mundial, ya no hará la misma ilusión que este verano; pero es que Colón llegó una vez a América, si llegó, y la Virgen se apareció una vez a los pastores, si se les apareció.