viernes, 29 de octubre de 2010

Padre fundador


Se acordó uno de inmediato esta mañana, al enterarse de la noticia de la muerte de Marcelino Camacho, de una foto de él en la Marcha Negra que refleja, tal vez, su personalidad, su forma de entender la vida y el sindicalismo -que fue para él la vida- y su compromiso. Camacho ya había dejado el timón del sindicato que él, entre otros, había fundado, pero quiso sumarse a la llegada de los mineros a Madrid. No fue la primera ni la última vez que lo hizo, y por supuesto no solamente con los mineros. El objetivo de Mauricio Peña lo captó, y detrás se ve a algunas jóvenes periodistas, pero Camacho no estaba en la primera fila de la marcha, ni sosteniendo la pancarta y acaparando fotos, porque para eso ya estaban, como casi siempre, otros dándose codazos y sonriendo.

Hoy que parece que el reconocimiento a la generación de la Transición ha llegado -con los errores que aquélla, como todo en la vida, tuvo-, parece que reivindicar la figura de Adolfo Suárez, sumido en la desgracia inmensa de no saber ni siquiera quién fue ni quién es, o de Marcelino Camacho, parece que trae a la memoria palabras que han de escribirse en mayúscula, porque lo exigen y lo merecen, pero también porque parecen estar un tanto olvidadas: Constitución, Reconciliación, Amnistía.

Y hoy, que son tiempos de discrepancia, de corrupción, de sindicatos sumisos por mor de las subvenciones, convertidos en la práctica en gestorías para hacer la declaración de la renta y cuatro fotocopias, es preciso traer el recuerdo, y si puede ser dejarlo presente, de Camacho, que siempre consideró a la UGT no un sindicato enemigo, sino un sindicato hermano. Y es preciso traer el recuerdo de un pequeño piso en Carabanchel, no de un chalet en la ciudad, una casita en la sierra, otra en la playa y tres coches en el garaje. Todas las comparaciones son odiosas, y no quiere uno hacer sangre, pero cuánto cambian los tiempos -que se lo hubieran preguntado a él- en tan poco tiempo, y que valga la redundancia, pero a la memoria vienen Antonio Gutiérrez o José María Fidalgo, y en fin. Cuánto que aprender.

Y es que efectivamente, tras aquel jersey de punto se escondía no sólo un hombre honrado, de esos que pueden contarse con los dedos de una mano en el mundo político y sindical de nuestra joven democracia. Sino todo un “padre fundador” como dicen en Estados Unidos. Pero no un teórico puritano conferenciante a pelo de conejo la hora, como han terminado siendo otros. Nada de eso. Un hombre honrado y humilde, de trayectoria ejemplar, del que tanto tienen, tenemos, que aprender todos.

jueves, 28 de octubre de 2010

Manos de algodón


"Me gusta sentarme en la cama, donde madre se sentaba, y coger ahí mismo su caja. Cuando lo hago, además, palpo la colcha de ganchillo que ella misma había bordado. En cada esquina tiene las iniciales de ella y de padre. Es un recuerdo más, este material, de todos los que conservo en mi casa. Ese ganchillo de tacto suave como el terciopelo, además, me hace recordar lo suave de la piel de madre. La piel de sus manos, las que cuando yo era niña me bañaban. Aquellas manos rotas por el trabajo pero tan suaves, que diríase que eran de algodón. La piel de su cara, aquella que yo, también cuando era niña, besaba. La piel de su vientre, en el que, de niña, a veces me recostaba. Añoro su piel, sus manos, su cara. Porque de madre, con los años, sólo me han quedado los recuerdos, la colcha de ganchillo y esta vieja caja de hojalata. Pocas o muchas cosas, tal vez más de las necesarias…"

Fragmento de 'María del Alba' (inédito)

miércoles, 27 de octubre de 2010

Igual de hijo de puta


Supone uno que muchos de ustedes no hayan leído el libro de Fernando Sánchez-Dragó y Albert Boadella titulado ‘Dios los cría… y ellos hablan de sexo, drogas, España, corrupción…’ (Planeta). Lo supone uno porque un servidor tampoco. Poco importa al efecto de lo que hoy se comentará.

En dicho libro, su autor rememora como “en Tokio, un día, me topé con unas lolitas, pero no eran unas lolitas cualesquiera, sino de esas que se visten como zorritas, con los labios pintados, carmín, rímel, tacones, minifalda… Tendrían unos trece años. Subí con ellas y las muy putas se pusieron a turnarse. Mientras una se iba al váter, la otra se me trajinaba”.

La polémica ha saltado hace unos días cuando un periodista navarro publicó una columna contando que el tal Sánchez-Dragó le contaba a su amigo Boadella en las páginas de su alegato que “se folló a dos niñas de 13 años, una detrás de otra, y que lo volvieron loco. El delito ha prescrito, comenta muy cachondo, y añade que en verdad le violaron ellas. Sólo le falta pagar una ronda de anís a la cuadrilla e imitar a Torrente: es que las visten como putas”.

Viene esto a cuento de que llevamos días y días hablando de “los morritos” de Leire Pajín y las palabras del alcalde de Valladolid, Francisco Javier León de la Riva, que, repudios aparte, no ha dejado de ser un tema político con el (presunto) plante de la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, y las (también presuntas) coacciones de ésta para que determinados cineastas asistentes a la Seminci pasaran del primer edil. Y piensa uno que ya le vale al alcalde, al que se le supone una formación porque es médico, con sus palabras, y a la ministra, con sus presuntas coacciones y su platón.

En fin, que volviendo a lo del tal Sánchez-Dragó, uno pensaba que lo había visto casi todo y muy pocas cosas eran ya capaz de sorprenderle dentro del asco, y resulta que no. Que ahí estaba Sánchez-Dragó, esperando la ocasión. La cosita tampoco es para tanto, porque ya ha reculado diciendo que es “una anécdota trivial convertida en literatura”, vamos, “un coqueteo sin importancia”. Y nos lo cuenta porque el delito ya ha prescrito. Qué machote, qué agallas. Y ya ha prescrito porque los hechos son nada más y nada menos que de 1967, en que, por cierto, todavía no había nacido su mujer, a la que saca cosa de 37 años. Qué machote, qué agallas.

A lo peor tiene razón el periodista navarro que denunció hace unos días públicamente lo que contaba Sánchez Dragó: “Y no pasa nada. Frèdèric Mitterrand confesó que se acostaba con chaperos en Tailandia, y se encendió en Francia un debate acerca del turismo sexual. Aquí nos limitamos a reír las gracias. Con niñas de 13 años, el Dragó. ¿Tiene usted hijas, hermanas, sobrinas de esa edad? Qué casta, el tío, ¿eh? Y qué silencio en los medios”.

Pues nada, que a pesar de que “los morritos” de Leire Pajín deben ser más recurrentes que la aventura japonesa de Sánchez-Dragó, hagan el favor de no comprar el libro porque es lo que uno se teme se pretende con este rollo. Y no lo hagan porque igual de asco da una cosa como la otra. Y permítanme el exabrupto pero igual de hijo de puta es el tal alcalde como el tal escritor.

martes, 26 de octubre de 2010

Se fue, por siempre, la poesía


Laciana tuvo hace ahora cien años una época dorada, la de la Escuela de Sierra Pambley, y siempre se dijo que los alumnos de aquel tiempo tuvieron un sello especial. Su caligrafía delataba que habían pasado por aquella escuela que primero fue sueño del filántropo don Paco y después fue obra -y gracia- de sus amigos institucionistas, Cossío, Giner y Azcárate.

Un sello especial tiene doña Josefa Rubio Alonso, natural de San Miguel de Laciana y vecina de Madrid. En sus ojos, 104 años de vida e Historia (con mayúsculas) nos contemplan. Del 7 de febrero de 1906, ahí es nada. Es, hoy, la única superviviente de aquella época dorada de manteca fina y emigrantes a América. Nacida en ‘La Barraca’ de San Miguel, fue hija de Benigno Rubio -conocido personaje que llegó a ser alcalde de Villablino- y esposa de un gran conocido en la montaña, el poeta José Fernández Jolís.

Pepe Fernández Jolís (1902- 1976), natural de Murias de Paredes, fue un poeta fecundo, aunque sus designios profesionales se decantaron por el cuerpo estatal de Correos, que llegó a distinguirlo con sus más altas condecoraciones. Sus poemarios -tres libros de corta tirada editados en los setenta- son los de “el poeta leonés de la eterna juventud”, como le calificó su amigo Antonio Gamoneda, flamante Premio Cervantes. En uno de esos libros, en un poemario amoroso, Fernández Jolís dedicó breve, sentido, sus versos a su esposa con un escueto “a Josefa Rubio”: “Con tu mirar hechicero,/aunque a veces cauteloso,/ me haces en ti tan dichoso/ que olvido ser prisionero”.

Pero a doña Josefa Rubio, treinta años después, se le agotan cada día las poesías y también los recuerdos. Hoy, los que vagamente llegan a su memoria, las antiguas fotografías que ven sus ojos, se desvanecen en la memoria llena pero vacía, como se desvanece todo lo efímero y se van todas las cosas que no puede atar el tiempo.

El rostro de Josefa, que sonríe a la cámara y a la vida como quien sonríe a la añoranza de una época feliz, busca en algún rincón de la memoria alguna frase de nostalgia, alguna anécdota complaciente, algún gesto arcaico o alguna sonrisa que responda a su sonrisa después de muchos años, pero no los encuentra. No se han borrado, sólo permanecen arrinconados en algún lugar escondido al que ella ya no es capaz de llegar y al que nunca llegará. 104 años son muchas cosas que recordar.

Recuerdos perdidos, remembranzas aisladas que vienen y van por su cabeza de canas cenicientas y ojos brillantes de niña inquieta, como quien se resiste a desaparecer, sabedor de que si lo hace, jamás volverá a existir, como quien quiere quedarse pero no puede, como quien se ha ido y quiere regresar. La poesía es tan flamígera como los recuerdos, tan efímera como la vida vivida que se resiste a desaparecer. Cuando se va, como los recuerdos o la vida, ya nunca vuelve. “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”, que dejó escrito -precisamente en una poesía- el genial Pablo Neruda.

Escrito en Madrid un día del otoño de 2008

lunes, 25 de octubre de 2010

Un tío majo


“Educado, inteligente, gran negociador y con gran amor a la mina” para la senadora del PSOE Ana Luisa Durán. Empresario modelo por la Casa de León en Madrid, cuyo presidente Rafael Álvarez se muestra “orgulloso de conocer a Victorino, cuyas empresas llevan diez años de socios colaboradores de la Casa de León y su trayectoria empresarial es digna de reconocer”. Referencia en el sector y en la economía provincial, “cuya actividad es uno de los principales soportes de la economía provincial”, en palabras del alcalde de Ponferrada y diputado del Congreso por el PP, Carlos López Riesco. “Cuando va a la mina madruga más que nadie y sale el último, todos dicen que es un gran minero”, dice el hoy presidente de FEVE, Ángel Villalba, del PSOE.

El mismo que en 1994 ‘entregara’ la empresa Minero Siderúrgica de Ponferrada, en quiebra fraudulenta, con un crédito de 2.000 millones de pesetas de Caja España –que presidía Villalba- y el Banco Exterior, a quien en aquellos mismos días confesaba tener solamente una moto, un reloj y vivir de las propinas de su padre. Eso dijo ante un tribunal para declararse insolvente y eludir el pago de la pensión alimenticia a las dos hijas de su primer matrimonio. Todo un caballero.

Decía el otro día un chiste en prensa que ahora le caía una condena por un delito de 1996, y Victorino se reía diciéndonos a todos, “’¡con la de cosas que he hecho yo en estos catorce años!”. Ni tanto. Hace unos días le cayó una nueva, esta vez por la compra de maquinaria rusa y ucraniana a las que facturó hasta 33 veces el valor real de lo declarado en aduana, para eludir el pago de unos treinta millones de pesetas en el IVA. Seis meses de cárcel y 201.901 euros de multa, por ser bueno y reconocer el delito. El delito tiene 14 años.

Hace unos meses, tras otros 14 años de pleitos que terminaron en el Supremo, otra condena de 14 millones de euros por meter carbón de mala calidad e incluso piedra en la térmica de Unión Fenosa en La Robla. El “fraude del carbón”, como fue llamado, saltó a las páginas de todos los medios en 1994, pero no fue problema para que se le “entregase” la MSP a su protagonista y hacedor.

Por si no fuera poco, acaba de salir otra sentencia por un delito de hace 13 años. Y aunque esta última condena –por ahora– es pecata minuta, 149.537 euros, por sabotajes y destrozos hechos por Uminsa en una línea de alta tensión próxima a la Gran Corta de Fabero, parece que en el caso hay más cosas que, supone uno, iremos viendo en un futuro.

Pues resulta que será educado, inteligente, gran negociador, amará mucho la mina, subvencionará a la Casa de León, sostendrá la economía provincial y madrugará mucho para meterse en el agujero cuando va, pero el que delinque es un delincuente. Fiscal, medioambiental, urbanístico e incluso laboral. Pero jodo, este tío tiene que ser un fenómeno para, como decía el sábado en el ‘Diario de León’ Ana Gaitero, haber vendido tanto la moto, porque no es plan de ponerse a pensar mal.

O a lo mejor es “un tío majo”, como el sucesor de Corbacho en el Ministerio de Trabajo, y es que aún no hemos sabido captar la esencia de su personalidad y su bonhomía. No me lo tomen a mal, bonhomía rima con ironía.