sábado, 15 de diciembre de 2012

Ligero de equipaje


La muerte siempre causa dolor y hasta tristeza. La muerte como epitafio será el misterio eterno de la existencia, como lo son esos árboles anegados por un pantano, que no sabes si están vivos o muertos y que cuando emergen, muestran una belleza liviana, sencilla, humilde, en esas ramas desnudas y huérfanas de hojas. Qué curioso, las miras y te dices, siempre secas, siempre húmedas, sin saber si la vida termina alguna vez o no. La noticia de la muerte de Antonio Viñayo no era inesperada porque, fruto de la edad, sus facultades se habían ido consumiendo en los últimos tiempos. Y ahora, cuando con la noticia de su desaparición el reconocimiento será unánime como lo ha sido antes, no son necesarias apologías plagadas de tópicos que recuerden lo que dio de sí su currículum, por otro lado interminable. A una persona de su talla intelectual y moral, de tantos valores, de tan provechosa trayectoria, en los tiempos que corren sólo con citarla resulta suficiente. El mozo de Otero de las Dueñas fue mucho más que un abad, al que habría que anteponer siempre el calificativo de histórico, ya que sin su determinación y su dedicación cuando la Real Colegiata de San Isidoro necesitaba de todo menos pérdidas de tiempo, él estuvo a la altura de las circunstancias. Viñayo fue el incansable custodio de uno de los más importantes tesoros artísticos, culturales y documentales de España, el guardián del panteón de los reyes leoneses, el protector de ese románico excepcional con poso de historia y siglos, que salvó y recuperó de la ruina y la incuria con paciencia de largos años. Fue, antes de nada, el sacerdote, y también el canónigo, el bibliotecario, el archivero, el escritor y el editor de un amplio número de libros de historia y folclore, el alentador y compañero sigiloso de infinidad de estudios, el divulgador incansable, el amigo al que acudir con la seguridad de un consejo sincero y sereno. Una persona integradora, dialogante, respetuosa en todo y con todo, también con las creencias. Un hombre, ante todo, sabio, humilde y generoso. Predicó la generosidad, porque era una de sus misiones, pero más importante es que predicó con el ejemplo y compartió cuanto tuvo, supo y aprendió. Cuando le hablaban de su bagaje, lo reconocía con pudor, él siempre tan humilde, tan caballero, y añadía que todo le había pasado sin darse cuenta, porque la vida pasa muy rápido. Al final el agua que anega los árboles de los pantanos vuelve a ocultarlos, y un día se va, sigilosa, serena, corriendo al mar, sumiéndose en los riegos o evaporándose. Y Antonio Viñayo, como esos árboles y como Machado, se va ligero de equipaje, casi desnudo, pero eso sí, con una vida fructífera dedicada a los demás.

martes, 4 de diciembre de 2012

Feixolín o el cúmulo de un desastre


Foto para desmemoriados: Ana Luisa Durán, Pleno del 18 de julio de 2005

Acaba de trascender públicamente el contenido de la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León del pasado 27 de septiembre que resuelve el asunto de la sanción que el Ayuntamiento de Villablino impuso a Coto Minero Cantábrico por la explotación de carbón a cielo abierto de El Feixolín. Acaba de trascender y la alcaldesa Ana Luisa Durán no sabe, no contesta, porque han tenido que ser otros quienes hicieran público el fallo dos meses después de ser dictado. Curioso.

Sin entrar a valorar si son justos o no los 800.000 € de la sanción por infracciones muy graves urbanística y ambiental, conviene recordar una serie de datos. Los antecedentes son, en síntesis, que durante doce años esa explotación permaneció en activo siendo como era ilegal, con absoluta impunidad y tolerada por todas las administraciones. Tras varias sentencias judiciales que ordenaron su clausura, en 2007 el entonces alcalde Guillermo Murias impuso la sanción de 129 M€. Murias tomó esa decisión obligado por un mandato judicial ya que, de otro modo, raramente lo hubiera hecho. La suma de 129 M€ fue calculada en base a un informe que la propia empresa había presentado ante los tribunales, para demostrar las ganancias que percibía por cada día de trabajo en la corta y, caso de cerrarse ésta, las pérdidas que le ocasionaría. Esa sanción fue luego recurrida por Coto Minero Cantábrico y en 2011 el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo nº 2 de León la rebajó de los 129 M€ a solo 800.000. Textualmente el fallo alega que “existe una enorme dificultad para concretar la existencia de un beneficio referido a la explotación” y que en todo caso, si existiera, la restauración absorbería ese beneficio. También curioso.

Izquierda Unida se pregunta ahora por qué Ana Luisa Durán ha ocultado esta sentencia, pero omite en el análisis la cuestión de base, que es muy interesante. ¿Por qué el Ayuntamiento de Villablino no recurrió el fallo de 2011 que ahora ha resuelto el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León? ¿Se conformaba con menos de una centésima parte de la sanción que en principio impuso? ¿Quién tomó esa decisión? ¿Dónde se tomó? ¿En base a qué? ¿Cómo es posible que el máximo órgano de decisión del ayuntamiento, el Pleno, no decidiera sobre una cuestión de tal envergadura? ¿Puede llegar un ayuntamiento con una deuda de 13,8 M€ reconocida en la última cuenta general y tantas necesidades, a cuestionarse si cobra o no una cifra así? Preguntas que nadie ha hecho y que seguramente nadie hará, pero que han de ponerse sobre el tapete.

Este asunto sobrepasa a una mera sentencia o una cifra económica y abarca un cúmulo de gestión desastrosa y errática. IU, que parece haber despertado del sueño en que estuvo sumida víctima de sus pesares, ha denunciado recientemente, entre otras cosas, la gestión en las contrataciones de obras municipales abusando del procedimiento negociado sin publicidad (obras que casualmente termina ejecutando siempre el mismo contratista) o la falta de transparencia en la contratación de personal. En suma, que la alcaldesa, con minoría en la Corporación, tome decisiones unilateralmente. 

En cuanto a las razones por las que esta sentencia sobre El Feixolín ha tenido que ser hecha pública una vez más por terceros en lugar de quien tenía el deber de hacerlo, seguramente no hagan falta explicaciones. En política, como en la vida, hay evidencias, secretos a voces y cosas sin explicación: algunas porque no la tienen, otras porque es innecesario darla y otras porque no se pueden explicar. 

Muy posiblemente en el caso que nos ocupa existan razones tan inexplicables como no haber actuado durante un largo año y medio sobre otra sentencia firme que condenaba a un empleado municipal por abusos sexuales a una subordinada. Un empleado con vínculos con PSOE y UGT al que, con la prensa encima, la alcaldesa aplicó una sanción laboral light por un delito tan abominable, y que para colmo él terminó recurriendo con éxito, por lo que todo quedó sin consecuencias. Ética aparte, ¿fue todo un artificio o se trata de una presunta negligencia? ¿Quién tomó esa decisión? También debe ser cuestión de razones inexplicables el “cambio de estatus”, modificando arbitrariamente la categoría laboral de jardinero a oficinista a un empleado próximo a la alcaldesa. Ética aparte, ¿por qué se produce eso? ¿Quién lo decidió? Razones inexplicables para haber despedido varias veces a dos empleados que, recurriendo a los tribunales, han tenido que ser readmitidos e indemnizados también varias veces. ¿Cuánto le ha costado eso a todos los lacianiegos? ¿Quién tomó esa decisión? Razones inexplicables, de esas que no necesitan explicación, también para derribar un edificio municipal sin tener la garantía de que el Parador de Turismo se haría y, por tanto, que esa demolición no sería en balde. ¿Quién decidió eso? ¿Por qué desoyó a quienes pedían que sólo se perdiera ese patrimonio público solamente si se garantizaba la construcción del Parador? O la utilización de un vehículo municipal para asuntos particulares, como por ejemplo para viajar a Sevilla al congreso del PSOE en febrero, multa de por medio. ¿Quién decide a dónde y cómo se usa ese coche? ¿Cuánto cuesta ese dispendio a las arcas públicas? Cabe preguntarse si la sociedad lacianiega es consciente de todo esto y de todo lo demás o si con su silencio va a permitir otra burla más (y ya van…).

Da la sensación de que en el Ayuntamiento de Villablino se vienen tomando desde hace tiempo decisiones muy cuestionables y lo que es peor, lesivas para el interés general. Y ya va siendo hora de que quien las ha tomado asuma sus responsabilidades, de tipo político y de otro si las hubiere. Como parece poco probable que lo haga, la oposición –la desperezada IU, el PP que ayer se quitó definitivamente la careta, el ausente Ecolo-Verdes que reparte moralina pero no acude ni a un pleno– tiene la obligación de tomar medidas inmediatas para evitar que esta bola de nieve siga creciendo. Existen herramientas y si por propia iniciativa no se hace, debe forzarse la presentación de una cuestión de confianza o pensar en plantear una moción de censura, porque Laciana no está ni para perder el tiempo, ni para daños irreparables.


Este artículo se publicó como Tribuna en Diario de León el 5 de diciembre de 2012.

viernes, 27 de julio de 2012

Prólogo



Wenceslao Álvarez Oblanca, en un libro que, pienso, ha ido escribiendo durante toda su vida y publicó hace unos años, dijo que en él se contaba "la pequeña historia de un pueblo pequeño". En su caso el suyo, Azadinos.

A uno le vienen inevitablemente a la memoria esas palabras ante este más que encomiable tratado de costumbres y recuerdos que Eduardo Carbajo Álvarez ha tejido en el albur de la memoria y seguramente también la nostalgia. Y tal parece que ha sido tejido a golpe de una vida, como Penélope tejió y destejió tantas veces, que no es malo destejer si tras ello se teje algo mejor. Encomiable por varios motivos pero sobre todo porque lega -y desde el momento en que se publique será para siempre- un testimonio que ya quisieran para sí muchos pueblos: el relato en la lengua vernácula de las costumbres y afanes de sus lugareños durante siglos.

Esas costumbres se entremezclan en estas páginas con una serie de recuerdos más o menos comunes (las comuniones, las procesiones los velatorios, las bodas…) que desde luego más que ritos eran una forma de entender la vida y que, si se busca su origen en la antropología, se llega a la conclusión de que permanecieron inalterados durante siglos. Siglos de quietud, de aislamiento, de un día a día lento y viscoso pero auténticamente genuino. Siglos que se vieron drásticamente cambiados hace ahora cien años, cuando la tierra fue horadada para arrancarle el carbón que guardaba desde todos esos siglos, y unos cuantos más, en sus entrañas.

No será este por tanto un libro de grandes descubrimientos para los vecinos y naturales de San Miguel de Laciana, dirán algunos; si acaso, de redescubrimientos, porque a veces los recuerdos se arrinconan en lugares de la memoria a los que cada vez cuesta más llegar. Sin embargo, al escucharse, leerse, revivirse, se desperezan y aterrizan de nuevo de donde siempre fueron, para decirnos que están ahí, y que sin recuerdos no somos nada. Pero sí era y es un libro que había de escribirse para que muchas de esas costumbres, anécdotas e incluso expresiones y palabras no se perdieran irremediablemente.

Tengo frescos los recuerdos, en estos días que nos ha dejado, de Joaquín González Otero, Joaquín el de Mingón. Todos los que tuvimos la suerte de conocerle sabemos que era un lacianiego de raza, amante de su tierra, que disfrutó de Buxionte y de la Campanona, que conoció los montes de este pueblo desde el Tresuco hasta Prao Negro, desde La Mostachal hasta Reguera Flor, y que supo que tampoco hay que ir tan lejos para descubrir y disfrutar de lo esencial. Eso que según El Principito es invisible a los ojos. O lo que es lo mismo, lo que está ante nosotros pero no vemos.

Tal vez por eso y sin necesidad de grandes tratados sobre la evolución de la especie y otras sesudas teorías en las que han terminado aterrizando algunos, trabajos como este de Eduardo Carbajo han de ser tan estimados en lo que valen, que es mucho, y que encierran en su sencillez la grandeza de un país y sus habitantes en el mejor sentido de la palabra. Su principal mérito es que nos cuentan "la pequeña historia de un pueblo pequeño". La historia de la gente, esa que se pierde porque nadie la escribe.

Prólogo para el libro ‘San Miguel de Laciana, antanu’ de Eduardo Carbajo Álvarez y editado por el Club Xeitu

viernes, 29 de junio de 2012

La tierra de los perfumistas



Nos miran. Él, con su traje, chaleco y corbata, la cadena del reloj colgando, la visera protegiéndole del sol mañanero y una cámara cogida en su mano. Excepcional parece la presencia de dos cámaras en un mismo instante –la que disparó y la que se ve– en lugar tan remoto. Nos miran, decía uno. También ellas, que sin duda parecen ser el foco de atención del retratista. Están frotando las ropas en el lavadero a la vera de la carretera, ropa que han traído y que habrán de llevar en sus cestos una vez lavada, a blanquear a la era. Nos miran dos de ellas y una tercera hace amago de mirar, mientras otras dos, una de espaldas y otra con la cabeza vuelta, se afanan a lo suyo. También nos mira él o ella, el caballo o yegua del fondo. Más bien parece caballo. Ellos, el hombre del traje y el caballo, parecen invitados casuales, uno en cada extremo. Pero nos miran.

El lugar sería irreconocible y tal vez intuyendo la eventual ignorancia de tantas décadas después lo dejó escrito con mecanográfica en la parte superior el autor de la foto, que nos es desconocido. La carretera actual no sigue el mismo trazado, que debía ser el del Camino Real de entonces. Pero sí una casa nos resulta conocida: la del centro, que sin duda llama la atención sobre las otras por su factura, su altura, su galería y su estampa. Se trata de la vivienda de la familia de los Ramiros o Álvarez Gómez, de Piedrafita de Babia. Se levantó bajo proyecto de Amós Salvador y Carreras hacia 1917, una vez fallecido el cabeza de familia, Ramiro Álvarez, cuyo nombre de pila sirvió de bautizo a la saga.

Cuando se dejó caer por Babia, dentro de un verano hará sesenta años, Víctor de la Serna tituló sus recuerdos “la tierra de los perfumistas” en honor a los Álvarez Gómez de Piedrafita. Los que hacían y hacen “una de las mejores aguas de colonia del mundo”, según nuestro guía literario: colonia “que huele a fresco, a brisa campesina, a corteza de limón, a piel de niño recién bañado, a hora temprana, a juventud”. 

Rememoró Víctor de la Serna en su crónica algunos recuerdos personales, costumbres de alguno de los veintidós pueblos de la comarca y tuvo tiempo de dejar para la imprenta comentarios de esta guisa: “Todos los pueblos de Babia son limpios, blanqueados como cortijos andaluces y con el techo de pizarra muy firmemente cortada, lo cual les da el aspecto de algunos pueblos franceses de la Borgoña. Antes las casas estaban techadas con paja de centeno, lo que les daba un aire pobre. Los babianos conservan, por gusto de conservarlas y porque son muy tradicionalistas, algunas casas de esta clase, pero ya por capricho, por buen gusto. Para lo cual han seleccionado las más características, con un criterio de directores de museo de la vivienda. Porque este aspecto de supercivilización que presentan los veintidós pueblecitos de Babia no es una casualidad. Es un producto elaborado, un producto de cultura, debido a un hecho cuya importancia se irá agrandando ante nuestra vista a medida que avancemos por esta ruta. Se debe a que en todo el valle, en veintidós pueblos, había hace dos años un solo analfabeto: un sordomudo. Ya no es analfabeto, porque escribe y lee. Y, a su modo, habla”.

La foto también nos habla. Como lo hacen todas para contarnos su historia. Y ellos, aunque no les conocemos, nos miran. Y en su mirada termina estando la nuestra.

martes, 8 de mayo de 2012

Fonfría: una reflexión colectiva



Malas noticias traen de su reunión en Bruselas con el Comisario de Medio Ambiente, el presidente de la Junta de Castilla y León y dos de sus consejeros, el subdelegado del gobierno en León y la alcaldesa de Villablino. Y un mensaje claro: las resoluciones europeas sobre las explotaciones a cielo abierto de Laciana tienen que cumplirse. Algo que debería tomarse por lógico, porque los fallos judiciales se dictan precisamente para eso. Pero ya se sabe que lo del Estado de Derecho no es para algunos más que una frase hecha y recurrente cuando conviene.

En sentencia de 24.11.2011, el Tribunal de Justicia de la UE dejó definitivamente sentado que estas explotaciones vulneran normativas comunitarias. Aunque no era ejecutiva, esa sentencia fue la base sobre la que se dictó, muy poco después, la orden de suspensión cautelar de Nueva Julia por un juzgado de León. La explotación a día de hoy no tiene actividad, y sobre ella –téngase presente– hay pendientes otras denuncias. Por ello, la única que continúa hoy en activo es Fonfría. Donde, por cierto, se han “recolocado” los 56 operarios de Nueva Julia hasta ver qué sucede con su nueva tramitación, que debe estar en marcha con la promesa de ser realidad pasado el verano. Entre medias, se ha conocido que la Junta de Castilla y León decidió “allanarse” en los procesos judiciales pendientes sobre las autorizaciones de Feixolín, Nueva Julia y Ladrones para “restablecer su legalidad”.

A todas luces las actuaciones de la administración han hecho aguas por todas partes. Y eso que, cabe suponer, no todos los reveses trascienden. La maraña en que todo esto se encuentra desde hace mucho tiempo es ininteligible, pero conviene recordar que en 2004 llegó el primer dictamen motivado de Europa, y nadie hizo el menor caso. Sin embargo, en aquel mismo año la Junta de Castilla y León anuló la autorización de uso de suelo rústico para Fonfría, que había aprobado en 2001. También conviene recordar que las licencias de actividad, obra y apertura otorgadas por el Ayuntamiento de Villablino en 2001, siendo alcalde Guillermo Murias, fueron declaradas nulas por el Tribunal Superior de Justicia en 2008, tras recurso de algunos concejales del propio ayuntamiento. Uno de ellos, José Luis Suárez Pastor, fue luego teniente de alcalde y concejal de Medio Ambiente durante dos años, pero entonces, aunque Fonfría seguía ahí, no debía desagradarle tanto. Porque en esa etapa, el ayuntamiento comenzó la tramitación de una nueva licencia urbanística, por la que la empresa terminó pagando el ridículo precio de 19.084 euros. Esto ya lo rubricaría Ana Luisa Durán. Y entre unos y otros, que a fin de cuentas son los mismos, incluso tuvieron que declarar lesivos algunos de sus acuerdos. Es decir, que las propias administraciones que hicieron antes, tuvieron que deshacerlo después, eso sí, obligadas por los tribunales.

En 2001, cuando el ayuntamiento firmó el convenio con la MSP que contemplaba la explotación de Fonfría a cambio de contrapartidas materiales y económicas, algunos de los ahora posicionados en contra, hablaban de su necesidad imperiosa para mantener el empleo. Aquello que en 1985 algún lumbrera llamaba “balón de oxígeno”. Y no pocos de estos presentaron escritos y alegaciones en ese sentido. Otros estaban desaparecidos en combate, pisando moqueta bien pagada en algún gabinete de prensa institucional. Otros, al silencio de los corderos, arrancando hojas al calendario de la prejubilación. Y otros, ahora francotiradores, adormilados por el vapor de alguna térmica. Los que entonces protestaron, se encerraron, colgaron pañuelos verdes en sus ventanas y presentaron denuncias, se esfumaron. Y como salió el sol por Antequera, el ayuntamiento dio vía libre a Fonfría. Los pueblos de Orallo y Caboalles de Abajo, pese a su no inicial, terminaron acordando por medio de sus pedáneos contraprestaciones. El tiempo vino a demostrar –y a demostrarles– un grave error, porque es certeza, pese a que algunos no lo reconozcan, que no pocos puntos de esos acuerdos no se cumplieron y probablemente nunca se cumplan. Y hasta aquí hemos llegado: una década después de iniciada esa explotación, con dinero circulando aquí y allá, un nuevo cráter que ya veremos cómo queda. Como si con la lección de El Feixolín no hubiera sido suficiente.

Ahora, en Bruselas los responsables políticos se lamentan de la pérdida de 2.000 empleos directos e indirectos. Y uno se pregunta dónde están esos 2.000 empleos, que ya pudieran ser reales. Porque en realidad son bastantes menos, ni siquiera la mitad. No ha mucho que se hacían grandilocuentes promesas sobre el Pozo Calderón, pero la realidad es que en Laciana se pierden a diario empleo y calidad de vida. En Bruselas, si nada cambia el fin de las ayudas está fijado para 2018. En Madrid, recortes drásticos de ayudas y la incógnita de por qué derroteros va a ir el próximo Plan del Carbón. Todo camina en una dirección que, perdónese a uno la osadía, viene marcada desde hace ya muchos años. Y a los concejales de Villablino sólo se les ocurre un nuevo esperpento de Pleno, con la alcaldesa de Cabrillanes que no se sabe qué hacía allí, para acordar que Fonfría es imprescindible.

Todos los responsables políticos de este desastre y los ciudadanos de Laciana deberían hacerse una reflexión: ¿Qué es lo que se hace y se ha hecho ante un problema que no es nuevo y que algunos no han querido ver y reconocer hasta que resulta inminente? ¿Hasta cuándo se va a permitir, con esta pasividad, que el tiempo siga pasando en vano? ¿Qué piensan hacer cuando pasen los 18 meses que piden para que Fonfría se cierre “ordenadamente”? ¿Se van a restaurar esas más de 300 hectáreas? ¿Y qué va a pasar en 2018? ¿Se van a restaurar todos los espacios degradados, lo cual sería una fuente innegable de empleo e interés público? Porque ya no se trata del oso o el urogallo, que es a donde algunos llevan interesadamente el tema; se trata de un grave problema social y económico de una comarca de 10.000 habitantes y sus limítrofes. La administración –local, provincial, autonómica, estatal y también europea– tiene el deber de plantear, ofrecer y fomentar alternativas reales a Laciana. Claro está que los lacianiegos deben exigirlas. Y no vale decir, como hace la alcaldesa Ana Luisa Durán, que la cosa está muy difícil y el último apague la luz. No valen cartas lacrimógenas, soberbias y tan infantiles. Desde luego, existe y puede existir otro camino; seguramente muy alejado de una actividad ilegal, cuestionada constantemente y con tan poco futuro, que además de ofrecer un subterfugio con fecha de caducidad, compromete cualquier otra alternativa.

Este texto se publicó como Tribuna en Diario de León el 14 de mayo de 2012.

lunes, 2 de abril de 2012

Cualquier pintada


Léanlo bien y no piensen que es ciencia ficción: entre el pasado viernes y sábado, Manolo Sierra pintaba un mural en Valladolid, dentro de unas jornadas en homenaje a los maestros represaliados por el franquismo, organizadas por la Universidad de Valladolid y el Colectivo contra el Olvido. La tapia de más de cien metros en que se instaló su obra elaborada colectiva con varios vecinos de la ciudad, pertenece a un edificio de la propia Universidad en la calle Juan Mambrilla.

Ahora empieza lo bueno: tras la (presunta) llamada de un vecino que (presuntamente) habría denunciado la pintada “ilegal”, los servicios de limpieza del Ayuntamiento de Valladolid borraron el sábado por la noche -¡sí, el sábado por la noche!- todo rastro. ¿Por qué tiene un ayuntamiento que actuar a hurtadillas? El muro mejor de blanco, que ya irá cogiendo colorcillo con las emanaciones de los coches… pero desde luego nada de colorcillos ni homenajes ni alegorías a lo que, parece, no debe recordarse. Oficialmente el Ayuntamiento de Valladolid ha dicho que ha tratado el mural “como cualquier pintada en la vía pública, independientemente de su contenido político o ideológico”. Añadiendo que esta “cualquier pintada” no había recibido permiso de la autoridad competente. Pues vaya con los de Valladolid, que tratan todas las pintadas así, las borran al momento, incluso los sábados por la noche. Y uno, las veces que ha ido, ha visto siempre más de una, pero o tenían permiso, o justo esa noche las iban a borrar.

Y como, en fin, Manolo Sierra es bastante cabezota y muy aficionado al circo y al boxeo, que son artes de persistencia en el trapecio y de recibir y dar ostias, el domingo volvió a pintar el mural. Ya tiene algo de experiencia en esto de que le borren obras y ya una vez un pintor, dícese que ilustre, le llamó grafitero. Me lo estoy imaginando el domingo resumiéndolo todo en un “con dos cojones”. Y de momento el mural ahí está, aunque el alcalde León de la Riva ya lo ha dejado claro. Por si no lo recuerdan, el alcalde este es aquel de las “paridades-paridas”, la “señorita Pepis vestida de soldado” cuando Carme Chacón fue nombrada ministra de Defensa, los morritos de Pajín y algunas perlas más con las que, de vez en cuando, deleita a su público. Ahora se deja caer con el chiste malo de que este mural puede interpretarse como de apoyo a la huelga por sus colores republicanos. Y que tiene los días contados, que se lo piensa cargar otra vez. Los hay que lo ven todo del mismo color, aunque no tenga nada que ver.

En fin, las palabras del propio artista en alguna ocasión, que vienen muy a cuento: “Personalmente, yo no concibo un cuadro para que no sea visto. Cuando pintas eres un intermediario entre los deseos propios y ajenos. Sin embargo, el arte no figurativo tiene unas dosis de razón potentísimas, invita a leer una obra de una manera diferente, aunque es necesario que esto vaya precedido de una educación. Si desde niños se educa a la gente, verán el arte con más confianza y gozo. El problema no es sólo de los autores sino en la ausencia de una educación colectiva”.

Será eso.

martes, 13 de marzo de 2012

Mucha pena y poca gloria


El Gobierno de España acaba de anunciar, por boca de su ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, su renuncia entre otras obras a la construcción del Parador Nacional de Villablino. “No estamos en condiciones de acometer nuevos paradores”, ha dicho con toda claridad, argumentando la creciente y de mayor calidad oferta privada y, lógicamente, la situación financiera del erario público. Situación no sólo nacional, sino también de la propia empresa pública Paradores, que ha pasado de unos medios de 45 millones de euros en bonos del Tesoro en 2004, a un déficit superior a los 100 millones de euros a finales de 2011.

Cuando hace ahora más de un año un pequeño grupo de lacianiegos pedimos en un manifiesto público que no se demoliera el edificio de las antiguas escuelas salvo que existiera un “compromiso de manera oficial, fehaciente y por supuesto pública”, la alcaldesa Ana Luisa Durán se apresuró a decir que el Parador iba a ser una realidad sí o sí, que nada iba a cambiar el destino y que la promesa del ex presidente Zapatero no tenía vuelta atrás, porque además Miguel Martínez era el presidente de Paradores.

La realidad ya se conoce. La realidad, entonces, era que los presupuestos estatales se recortaban, el proyecto llevaba un retraso de años y la dotación presupuestaria que se había previsto -12 M€- se había esfumado, quedando en 250.000 euros para la demolición de un edificio público propiedad de todos los lacianiegos. La realidad, entonces, era también que mientras los lacianiegos vimos cómo se arrasaba un lugar emblemático y uno de los mejores bienes del ayuntamiento, Paradores inauguraba la remodelación del Parador de Villafranca del Bierzo y proseguía a buen ritmo las obras del de Corias, en la vertiente asturiana, a escasos 50 kilómetros de Villablino. Y la realidad, entonces y ahora, era también que muy pocos creían ya tras tantos vaivenes, discursos huecos y el paso del tiempo que el Parador fuera a hacerse.

La realidad, entonces como ahora, es la que es: Ana Luisa Durán cometió un grave error -otro más- que ha culminado con la pérdida de otro elemento más del patrimonio de los lacianiegos y lo que es más grave, ha estado más de siete años en un sillón muy bien remunerado en el Senado sin haber conseguido una sola obra (útil o inútil) para Laciana. Sin embargo, si se intenta buscar explicación, si la hubiere, no debe pasar desapercibida la componenda de fechas: en enero se derribó el edificio, en marzo se anunció una licitación del proyecto arquitectónico inminente que sin embargo tardó meses en llegar, después se plantó un cartelón inmenso… y en mayo fueron las elecciones. Titulares y recreaciones virtuales, ruedas de prensa y fotos, puestos de trabajo previstos, spas, habitaciones, salones y propaganda, mucha propaganda. Pero la realidad es de nuevo la que es: seis años de alcaldesa, siete de senadora y todo irreal. A muy pocos se les escapará que si esto ha llegado aquí ha sido por un claro caso de irresponsabilidad e ineficacia de la alcaldesa, pero también porque el resto de la Corporación Municipal lo ha permitido. ¿Qué harán ahora los otros 16 concejales, sobre todo la oposición? ¿Continuar con ese bochornoso silencio cómplice? ¿O crear otra plataforma o comisión para estudiar este nuevo “sucedido”?

Por si fuera poco, hace dos meses el mismo Ministerio de Industria anunciaba, en relación con los fondos para infraestructuras del Plan del Carbón, la suspensión -ya se verá si temporal o definitiva- de dichos proyectos, salvo los que se están ejecutando. Un recorte inmenso de fondos para las comarcas mineras, en el caso de Laciana superior a 30 millones de euros, que se quedan en un limbo de expedientes y cajones ministeriales. Proyectos como la peatonalización de la Plaza o la variante de Villablino, los centros sindicales de Villaseca y Caboalles de Arriba, la piscina climatizada, la ampliación del polígono industrial, los poblados castreños y otros, pasan así de inexplicables retrasos a la mera inexistencia. Sólo la residencia de estudiantes impulsada por la Fundación Sierra-Pambley, con una inversión de 3,5 M€, se está a día de hoy ejecutando y será una realidad. ¿No resulta chocante que solamente se ejecute el que viene de la iniciativa privada, mientras los que dependen del Ayuntamiento de Villablino duermen el sueño de los justos?

La respuesta de la alcaldesa a esta pregunta posiblemente vuelva a ser la misma, como ya ha sido, que quien ha ventilado esas partidas ha sido el nuevo gobierno del PP. La vieja táctica del calamar, sólo que sucede que por ejemplo el proyecto de la variante de Villablino (12 M€) duerme en los cajones del Instituto para la Reestructuración de la Minería del Carbón y Desarrollo Alternativo de las Comarcas Mineras desde el 2008. Es sólo un ejemplo de tantos. Entre 2008 y 2011 transcurrieron tres años de gobierno del PSOE, presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, y con Ana Luisa Durán como senadora y, por supuesto, también alcaldesa. ¿Qué ha hecho?

Lo que sí ha hecho -todavía la semana pasada- es ir a Bruselas a decir a la Comisión Europea que el carbón tiene futuro, que sin él nos estrangulamos y que la finalización de las ayudas al sector en 2018 tiene que extenderse. Al unísono, el comisario europeo de Competencia, Joaquín Almunia (PSOE) ha dejado claro, como de tiempo atrás viene haciendo, el descarte total a la ampliación de las subvenciones a las minas no rentables. Lo que sí ha hecho es defender el mantenimiento de una minería a cielo abierto que los tribunales han declarado una y otra vez ilegal, la Unión Europea tiene en cuarentena y que en estos momentos no está, ni mucho menos, clara su continuidad.

Hoy, la realidad es que día tras día son menos los vecinos y los negocios que consiguen sobrevivir en la comarca, en parte debido al fin de la minería, en parte debido a la despoblación, pero en buena medida también por la inanición total del Ayuntamiento de Villablino y su alcaldesa: una incapacidad total de fomentar o llevar a cabo cualquier iniciativa, sacar adelante un proyecto o congregar a toda la comarca para exigir de una vez la implicación de las administraciones en este drama socioeconómico. Incapacidad, en suma, de dar esperanza alguna frente a tanta desolación. Hoy la realidad es que cada día está más claro que Ana Luisa Durán pasará -ya ha pasado- por el sillón con mucha pena y poca gloria.

Este texto se publicó como Tribuna en Diario de León el 15 de marzo de 2012.

jueves, 16 de febrero de 2012

Comentarios impopulares


Páginas y más páginas, fotos y más fotos, frases y más frases, y el problema sin ser abordado como merece. Todos mirando según la conveniencia del lugar y el momento. Como siempre. Todos esquivando según qué realidad. Como siempre. Todos tapándose las propias vergüenzas. Como siempre.

1) El auto del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo nº 1 de León de 18 de enero de 2012 que ordena la paralización cautelar de la explotación Nueva Julia, viene de un recurso contra un decreto de la Alcaldía de Cabrillanes que en 2007 otorgó licencias ambiental y urbanística para la citada explotación. El recurso ha sido interpuesto por Filón Verde y Asociación Montañas de Babia-Luna.

La actitud de la alcaldesa de Cabrillanes recuerda a una escena imaginaria de la guerra en la que, en plena batalla de Brunete, uno de los milicianos republicanos lucha en primera fila contra los llamados “nacionales” y, al ver que el ataque fracasa, se pasa al enemigo y dispara a sus otrora compañeros como si nada. Así él también gana. Porque el Ayuntamiento de Cabrillanes es tan responsable o más que la empresa Coto Minero Cantábrico: ha sido una decisión administrativa suya la que ha conducido a esta orden judicial.

2) ¿Han escuchado a alguien analizar jurídicamente el auto que ordena esta paralización, rebatir sus argumentos y decir “esto no es así”?

Seguramente no, porque no ha lugar, de ahí que todos los responsables de esta situación no hayan dicho esta boca es mía. En primer lugar, Coto Minero Cantábrico. En segundo lugar, Ayuntamiento de Cabrillanes. En tercer lugar, Junta de Castilla y León. Y de soslayo, o porque se ha metido de lleno, el Ayuntamiento de Villablino.

3) ¿Qué pinta la alcaldesa de Villablino en todo esto?

La explotación de Nueva Julia (350 hectáreas) se ubica en terrenos de Cabrillanes. Sorprende que la alcaldesa de Villablino haya abanderado los últimos movimientos porque no ha hecho nada más allá de meros trámites respecto a denuncias que parecen fundadas, sobre la “invasión” ilegal de varias hectáreas de monte público y espacios protegidos de la explotación en el término de Villablino. Hay procedimientos judiciales respecto a ello.

4) ¿Qué motivos llevan a algunos medios de comunicación a prestarse al juego sucio de la insinuación y la tergiversación?

Ahí queda la pregunta, seguramente retórica. Únicamente para no olvidar el importante papel que juegan y han jugado.

5) ¿Por qué estas pintadas? ¿Por qué este lío con estas pintadas? ¿Es la primera vez que aparecen unas pintadas de esta naturaleza?

Ni mucho menos. En los últimos años han aparecido otras sobre las que nadie dijo absolutamente nada. A título de ejemplo, recuerda uno unas de muy mal gusto vinculando a la alcaldesa con Victorino Alonso, u otras en Orallo señalando claramente al hoy pedáneo el pasado año. Quienes hoy critican estas, celebraron aquéllas, que no se diferencian en nada de estas. Si acaso por los colores. Aunque a lo mejor es eso, los colores.

6) ¿Por qué IU emite un comunicado insistiendo, entre otras cosas, en la nacionalización de la minería en la comarca?

Sin entrar a lo extravagante de dicha petición en los tiempos que corren, en que el Estado está a quitarse muertos de encima y no a cargarse con más, en 1999-2000 se instó la nacionalización de la MSP con elementos sólidos que mostraban las dudas fiscales y legales de un entramado que hoy, una docena de años después, a nadie se le escapa. Para los interesados, el secretario de Estado de Energía, Nemesio Fernández-Cuesta, compareció al respecto en el Congreso de los Diputados informando a sus señorías de que había suficientes motivos para intervenir aquel entramado. Las consecuencias son también conocidas. ¿Dónde estaban entonces los hoy Verdes, Equo, Filón Verde, etcétera, etcétera? Unos trabajando (se supone, para llegar a la prejubilación), otros desaparecidos y otros mudos. Sin acritud, otro gallo nos hubiera cantado. Como consta de manera profusa en documentación, todas las fuerzas políticas y sindicales se opusieron entre otras peticiones a la de la nacionalización de la MSP hecha desde el equipo de gobierno de IU en el Ayuntamiento de Villablino. Todas a excepción de la propia IU y del sindicato CCOO.

7) ¿Cómo puede atreverse un cargo público a pedir a la administración judicial que levante unas medidas adoptadas en auto o sentencia?

Pues lo han hecho los concejales del Ayuntamiento de Villablino, con su alcaldesa a la cabeza, a excepción del concejal de Ecolo-Verdes. También la alcaldesa de Cabrillanes. Y varias juntas vecinales. ¿Por qué las juntas vecinales de IU en Laciana no se han adherido a esa petición y sí lo ha hecho su portavoz municipal? Difícil de entender.

8) ¿No tiene nada que decir sobre todo esto la Junta de Castilla y León?

Se ha limitado a cumplir la orden judicial de paralización de la explotación, porque no le quedaba otro remedio. Y evidentemente tiene también responsabilidad.

9) ¿Por qué se agrede a una persona y se intenta agredir a las propiedades de una persona vinculada a Los Verdes o Equo cuando estos colectivos no han tenido nada que ver en este tema?

Parece claro que porque ha salido de algún sitio esa orden. Es consecuencia de una serie de hechos que se vienen produciendo desde hace años en la comarca y en los que la alcaldesa y algunos concejales y sindicalistas han tenido también arte y parte. No están muy lejanas las imágenes de la pseudo-manifestación convocada en Sosas de Laciana el pasado agosto, con la alcaldesa (entonces también senadora) a la cabeza.

10) Y una última pregunta: ¿qué hacía el agredido en una cuadra de 60 vacas?

Porque otro de los males que acucian a Laciana, y a otras cuencas mineras, es que unos cuantos prejubilados llevan años trabajando de tapadillo, con nefastas consecuencias para los autónomos y empresarios que lo hacen legalmente (léase, pagando impuestos).

Se echan en falta comentarios sobre estos temas tan impopulares y tal vez impertinentes. Obviamente, sólo me resta expresar la total condena a todos los hechos de violencia y agresión sucedidos estos días, pero también a los enjuagues con los que algunos (¿o todos?) intentan justificarse ante los demás, y puede que con sí mismos.

Este texto ha sido publicado hoy como Tribuna en Diario de León.