martes, 13 de marzo de 2012

Mucha pena y poca gloria


El Gobierno de España acaba de anunciar, por boca de su ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, su renuncia entre otras obras a la construcción del Parador Nacional de Villablino. “No estamos en condiciones de acometer nuevos paradores”, ha dicho con toda claridad, argumentando la creciente y de mayor calidad oferta privada y, lógicamente, la situación financiera del erario público. Situación no sólo nacional, sino también de la propia empresa pública Paradores, que ha pasado de unos medios de 45 millones de euros en bonos del Tesoro en 2004, a un déficit superior a los 100 millones de euros a finales de 2011.

Cuando hace ahora más de un año un pequeño grupo de lacianiegos pedimos en un manifiesto público que no se demoliera el edificio de las antiguas escuelas salvo que existiera un “compromiso de manera oficial, fehaciente y por supuesto pública”, la alcaldesa Ana Luisa Durán se apresuró a decir que el Parador iba a ser una realidad sí o sí, que nada iba a cambiar el destino y que la promesa del ex presidente Zapatero no tenía vuelta atrás, porque además Miguel Martínez era el presidente de Paradores.

La realidad ya se conoce. La realidad, entonces, era que los presupuestos estatales se recortaban, el proyecto llevaba un retraso de años y la dotación presupuestaria que se había previsto -12 M€- se había esfumado, quedando en 250.000 euros para la demolición de un edificio público propiedad de todos los lacianiegos. La realidad, entonces, era también que mientras los lacianiegos vimos cómo se arrasaba un lugar emblemático y uno de los mejores bienes del ayuntamiento, Paradores inauguraba la remodelación del Parador de Villafranca del Bierzo y proseguía a buen ritmo las obras del de Corias, en la vertiente asturiana, a escasos 50 kilómetros de Villablino. Y la realidad, entonces y ahora, era también que muy pocos creían ya tras tantos vaivenes, discursos huecos y el paso del tiempo que el Parador fuera a hacerse.

La realidad, entonces como ahora, es la que es: Ana Luisa Durán cometió un grave error -otro más- que ha culminado con la pérdida de otro elemento más del patrimonio de los lacianiegos y lo que es más grave, ha estado más de siete años en un sillón muy bien remunerado en el Senado sin haber conseguido una sola obra (útil o inútil) para Laciana. Sin embargo, si se intenta buscar explicación, si la hubiere, no debe pasar desapercibida la componenda de fechas: en enero se derribó el edificio, en marzo se anunció una licitación del proyecto arquitectónico inminente que sin embargo tardó meses en llegar, después se plantó un cartelón inmenso… y en mayo fueron las elecciones. Titulares y recreaciones virtuales, ruedas de prensa y fotos, puestos de trabajo previstos, spas, habitaciones, salones y propaganda, mucha propaganda. Pero la realidad es de nuevo la que es: seis años de alcaldesa, siete de senadora y todo irreal. A muy pocos se les escapará que si esto ha llegado aquí ha sido por un claro caso de irresponsabilidad e ineficacia de la alcaldesa, pero también porque el resto de la Corporación Municipal lo ha permitido. ¿Qué harán ahora los otros 16 concejales, sobre todo la oposición? ¿Continuar con ese bochornoso silencio cómplice? ¿O crear otra plataforma o comisión para estudiar este nuevo “sucedido”?

Por si fuera poco, hace dos meses el mismo Ministerio de Industria anunciaba, en relación con los fondos para infraestructuras del Plan del Carbón, la suspensión -ya se verá si temporal o definitiva- de dichos proyectos, salvo los que se están ejecutando. Un recorte inmenso de fondos para las comarcas mineras, en el caso de Laciana superior a 30 millones de euros, que se quedan en un limbo de expedientes y cajones ministeriales. Proyectos como la peatonalización de la Plaza o la variante de Villablino, los centros sindicales de Villaseca y Caboalles de Arriba, la piscina climatizada, la ampliación del polígono industrial, los poblados castreños y otros, pasan así de inexplicables retrasos a la mera inexistencia. Sólo la residencia de estudiantes impulsada por la Fundación Sierra-Pambley, con una inversión de 3,5 M€, se está a día de hoy ejecutando y será una realidad. ¿No resulta chocante que solamente se ejecute el que viene de la iniciativa privada, mientras los que dependen del Ayuntamiento de Villablino duermen el sueño de los justos?

La respuesta de la alcaldesa a esta pregunta posiblemente vuelva a ser la misma, como ya ha sido, que quien ha ventilado esas partidas ha sido el nuevo gobierno del PP. La vieja táctica del calamar, sólo que sucede que por ejemplo el proyecto de la variante de Villablino (12 M€) duerme en los cajones del Instituto para la Reestructuración de la Minería del Carbón y Desarrollo Alternativo de las Comarcas Mineras desde el 2008. Es sólo un ejemplo de tantos. Entre 2008 y 2011 transcurrieron tres años de gobierno del PSOE, presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, y con Ana Luisa Durán como senadora y, por supuesto, también alcaldesa. ¿Qué ha hecho?

Lo que sí ha hecho -todavía la semana pasada- es ir a Bruselas a decir a la Comisión Europea que el carbón tiene futuro, que sin él nos estrangulamos y que la finalización de las ayudas al sector en 2018 tiene que extenderse. Al unísono, el comisario europeo de Competencia, Joaquín Almunia (PSOE) ha dejado claro, como de tiempo atrás viene haciendo, el descarte total a la ampliación de las subvenciones a las minas no rentables. Lo que sí ha hecho es defender el mantenimiento de una minería a cielo abierto que los tribunales han declarado una y otra vez ilegal, la Unión Europea tiene en cuarentena y que en estos momentos no está, ni mucho menos, clara su continuidad.

Hoy, la realidad es que día tras día son menos los vecinos y los negocios que consiguen sobrevivir en la comarca, en parte debido al fin de la minería, en parte debido a la despoblación, pero en buena medida también por la inanición total del Ayuntamiento de Villablino y su alcaldesa: una incapacidad total de fomentar o llevar a cabo cualquier iniciativa, sacar adelante un proyecto o congregar a toda la comarca para exigir de una vez la implicación de las administraciones en este drama socioeconómico. Incapacidad, en suma, de dar esperanza alguna frente a tanta desolación. Hoy la realidad es que cada día está más claro que Ana Luisa Durán pasará -ya ha pasado- por el sillón con mucha pena y poca gloria.

Este texto se publicó como Tribuna en Diario de León el 15 de marzo de 2012.