viernes, 7 de junio de 2013

Laciana al revés es Anaical




Si se llega a Laciana desde León, poco antes de entrar en Rioscuro la imagen de la antigua fábrica de refrescos Anaical resulta una triste metáfora. Un esplendor pasado, hoy en ruinas, figurado no solo en lo que se cae por el abandono y lo que devora la maleza, sino también en las letras pintadas en la fachada, hoy decoloradas y carcomidas. Anaical, Laciana al revés, un sueño de lacianiegos emprendedores en tiempos –otros, no estos– difíciles. La misma metáfora a la entrada de Caboalles de Abajo, donde un montón de ruinas mineras desvalijadas hacen de welcome de los miles de esquiadores que cada invierno acuden a la estación de Leitariegos.

Con semejante marketing, seguro que a más de uno se le han quitado las ganas, si las traía, de quedarse un par de días. Como contraste, si el viajero mira enfrente tanto en uno como en otro sitio, fácilmente advertirá otra imagen, la de dos de los mejores bosques de la Cordillera Cantábrica, que aunque este año traen la primavera atrasada regalan ya estos días su verdor, para que no se pierda del todo la esperanza.

Metáforas aparte, la realidad es la que es. La estadística oficial muestra una pérdida, en la última década, de casi un 20% de habitantes, que hoy apenas superan el umbral de los 10.000. Las cifras más generosas de empleo en minería son de 675 trabajadores, contando principales empresas, servicios y oficinas y subcontratas. El número actual es bastante menor, porque ni la totalidad de esas 675 personas residen en la comarca, ni se tienen en cuenta las disminuciones de los 170 despedidos o las prejubilaciones del pasado año. Sean los que sean, en la actualidad penden de un hilo, fruto de los abusos de un grupo empresarial y la irresolución de un gobierno que no actúa con contundencia sobre el mismo. En paralelo, se emplean más de 1.000 personas en el sector servicios y hay abiertos unos 200 comercios, de los que muchos hacen milagros para no verse abocados a cerrar.

Desde luego, si siguieran la doctrina de quien solo acierta a decir que no queda otra que coger la maleta, que la reindustrialización no se hizo y ya no se hará, o que califica de cínico a un ministro, como si fuera el único, serían muchos más los que colgaran el cartel de “liquidación por cierre”. Pero si la situación de Laciana ha puesto algo de manifiesto, aparte de una situación dramática que para nada es inesperada, es la nulidad completa de quien tendría que estar asumiendo la representación colectiva en este decisivo momento si tuviera capacidad, interés, carisma y proyecto político. Dadas las evidentes carencias, se dice que el pueblo está “al borde del estallido social”; grave irresponsabilidad aparte, parece una incitación a algo inverosímil dado el ridículo poder de convocatoria de quien ha hecho tan poco, pero defraudado tanto.

La desolación y el desaliento son contagiosos, por eso estamos como estamos, y porque la crisis global agrava aún más el contexto y diluye el problema de las cuencas mineras. Pero la dificultad ayuda a palpar la realidad, y cada vez son más los lacianiegos que asumen que el carbón ha ardido ya lo que tenía que arder. O dicho de otra forma, que en la mejor de las tesituras se verá relegado a un segundo plano. No parece primordial hablar en ese contexto de las subvenciones multimillonarias, de sobra a la vista, con que determinados holdings acrecentaron imperios opacos y que la mayoría de políticos despilfarraron con la matraca de la “reindustrialización”. Tampoco parece primordial sollozar con eso de “en este pueblo todo el mundo está en el paro”, tan lejos de la realidad y que cualquier alcalde –o alcaldesa– con un poco de juicio asumiría como un fracaso. Aunque también se echan en falta actuaciones de sectores como los industriales, porque de la Corporación Municipal poco puede esperarse a estas alturas, estando como está en coma inducido.

Vivimos el período más crucial en muchos años. Y se hace necesario un análisis colectivo, encabezado por personas ajenas a lo que se ha hecho hasta ahora, que adviertan la situación con nitidez y sobre todo aúnen. Un análisis que tiene que concluir en las posibilidades que, si existiera voluntad política y unidad de actuación, pudieran ser realidad a medio plazo. Una propuesta nada fácil de llevar a la práctica pero no imposible, que ha de determinar, una vez constatado hasta qué punto y bajo qué condiciones va a mantenerse la explotación de carbón (si se mantiene), el establecimiento de una economía alternativa a la industria con el objetivo primordial de fijar una población estable y dar tranquilidad a una ciudadanía que lleva ya mucho más de lo que debería en la intranquilidad, mientras políticos, sindicatos y bólidos de ida y vuelta organizan cruzadas que cada vez causan más vergüenza ajena. Una ciudadanía a la que sólo se ofrece miseria y una clase trabajadora a la que se quiere despachar con aumento de horas de trabajo y serias mermas de salario. Como ejemplos de esa propuesta alternativa, con o sin carbón, sirva citar el desarrollo de restauraciones ambientales y rehabilitación de determinadas ruinas mineras, con el triple fin de mejora de calidad de vida, puesta en valor de recursos turísticos y fuente de empleo; el impulso de propuestas culturales y educativas de primer nivel con la contribución de la Fundación Sierra-Pambley; la paulatina creación de infraestructuras turísticas y deportivas, incluyendo mejora de la estación de esquí de Leitariegos; la puesta en marcha de pequeñas industrias alimentarias y la atracción del creciente turismo gastronómico; el establecimiento de un circuito que recorra la comarca y muestre a través de sus elementos físicos (minas e infraestructuras, cuarteles mineros…) el cambio de vida que la industria impuso sobre la vida tradicional, en alianza y complemento al Museo Nacional de la Energía de Ponferrada; o el colofón del tren turístico que hace unos días volvió a ponerse sobre la mesa. Sólo son pinceladas, sin olvidar la imprescindible condición de Laciana como centro comercial y de servicios para sus aledaños.

No es ningún sueño imposible. Vemos desde demasiado lejos, aunque lo tengamos cerca, ideas como Enoturismo Bierzo, que presenta cien productos sobre vino, gastronomía, senderismo o patrimonio; propuestas dentro de la corriente internacional "slow food", consistente en la salvaguarda de tradiciones gastronómicas regionales como sello de calidad; o la recuperación de algunos trenes turísticos, con ejemplos extrapolables al nuestro como el vasco del Urola. Miramos con demasiada resignación a las ruinas de la fábrica de Anaical sin percibir que en la metáfora está la única clave posible para salvar los muebles: Laciana al revés es Anaical. Se trata de un cambio de modelo como única salida viable y realista. Un cambio desde la unidad, para convencer y exigir a la administración su implicación, y siendo partícipes de nuestro destino.

Este texto fue publicado el 28 de mayo de 2013 como Tribuna en Diario de León.